Viso del Marqués: el pueblo de La Mancha que no te esperas

Ciudad Real · Castilla-La Mancha · Turismo rural


    Cuando Rosa María Rodero, la informadora turística de Las Virtudes, me dijo que no podía irme sin ver Viso del Marqués, le hice caso. Y menos mal. Porque este pequeño municipio de Ciudad Real guarda, entre calles tranquilas y aparente quietud, uno de los palacios renacentistas más impresionantes de España, una iglesia con un cocodrilo del Nilo colgado en la pared, y la historia casi desconocida del marino que más batallas ganó en toda la historia de la armada española.

    Un destino que no aparece en las guías grandes. Exactamente el tipo de lugar que busca Carretera y Monta.



Un pueblo con nombre de marqués

    Este pueblo se llamaba El Viso del Puerto. El nombre que tiene hoy lo heredó de don Álvaro de Bazán, primer marqués de Santa Cruz, uno de los marinos más destacados de la historia de España. Participó en más de veinte batallas navales y, según recoge la historia, no perdió ninguna. Cuando el rey Felipe II quiso recompensarle con un título nobiliario, Bazán eligió este rincón manchego como sede de su marquesado. Y eligió también este lugar para construirse un palacio digno de su nombre.

    Un palacio que, desde fuera, no parece gran cosa. Pero que por dentro es otra historia completamente distinta.



El Palacio del Marqués de Santa Cruz

    Construido entre 1564 y 1586, el palacio responde a una influencia completamente italiana. Bazán había pasado largas temporadas en Italia, había visto los grandes palacios del Renacimiento y quiso traer ese mundo consigo. Contrató para ello a un selecto grupo de artistas de la escuela de Miguel Ángel, que cubrieron paredes y techos con frescos al temple de una calidad extraordinaria.

    Las visitas son guiadas y gratuitas, aunque piden la voluntad para el mantenimiento del edificio. Hay que esperar a que el guía reúna al grupo antes de entrar, pero la espera vale la pena. Yo aproveché para colarme un momento en el patio, y lo que vi me dejó sin palabras.

    El patio es espectacular. Las galerías están completamente cubiertas de frescos con escenas de la mitología clásica. Es, según los especialistas, el conjunto pictórico español más importante en representación de la mitología grecolatina. Y está aquí, en plena Mancha, donde uno menos se lo espera.

El recorrido continúa por salas con pinturas de batallas navales y muebles impresionantemente conservados. La gran escalera, ancha y solemne, está decorada con alegorías de La Gloria y La Fama, figuras mitológicas y la historia de Rómulo y Remo. En la primera planta, una sucesión de salas con frescos que retratan la vida de la época, escenas mitológicas y los personajes del entorno familiar y militar del almirante.

    Pero la sala que más me llama la atención es la que contiene dos réplicas de galeras —las embarcaciones con las que Bazán combatió en el Mediterráneo— con un nivel de detalle que invita a detenerse. A los lados, chimeneas flanqueadas por esculturas de mármol. Incluso el interior del hogar está pintado, aunque el hollín de los siglos lo va cubriendo poco a poco.

La visita termina en la capilla: pequeña, pero absolutamente cargada de arte. Frescos, tapices, imágenes, cuadros y vidrieras en un espacio que debió de ser el refugio espiritual de un hombre que pasó la vida en el mar.

Desde 1948, la familia cedió el palacio a la Armada Española por el simbólico alquiler de una peseta al año. Hoy alberga el Archivo General de la Marina —uno de los más importantes del país— y el Museo Álvaro de Bazán. Fue don Julio Guillén Tato, almirante e historiador naval, quien gestionó esa cesión y salvó el edificio del abandono.

La iglesia y el cocodrilo del Nilo

    Pegada al palacio está la iglesia parroquial de Nuestra Señora de la Asunción, un templo gótico del siglo XV. Entro esperando encontrar lo habitual en una iglesia de pueblo con siglos de historia: bancos, retablo, imágenes. Y sí, todo eso está. Pero también hay algo más.

Colgado en uno de los laterales del coro, hay un cocodrilo. Disecado. De tamaño real. Cuatro o cinco metros de longitud.

Y uno se pregunta, inevitablemente, qué hace un cocodrilo en una iglesia de La Mancha.

    La respuesta tiene varias versiones. La más respaldada por los historiadores dice que fue el propio Álvaro de Bazán quien lo trajo del Nilo durante una de sus expediciones. En Egipto, los cocodrilos eran animales sagrados que se colocaban en los templos. El almirante lo habría donado a la iglesia de su pueblo como gesto de respeto —y también, según cuenta la tradición, como recordatorio de que en la casa de Dios conviene guardar silencio.

    Otra versión, más legendaria, habla de un animal que sembraba el terror en la sierra cercana, que nadie podía cazar, y que al final fue vencido por un joven valiente. El alcalde lo hizo disecar y colgar en la parroquia como trofeo.

    La verdad probablemente esté más cerca del Nilo. Pero la leyenda es demasiado buena para no contarla. Un vecino que pasa por allí me confirma la historia. No grabé el cocodrilo —un error que lamentaré el resto de mis días— pero la imagen se me quedó grabada igual.



La Plaza del Pradillo y el cierre

    Salgo de la iglesia y doy un paseo por la Plaza del Pradillo, que preside tanto el palacio como el templo. El suelo empedrado llama la atención: una rosa de los vientos, formas geométricas y un tablero de ajedrez que es el símbolo del escudo de armas de los Bazán.

    En la plaza hay tres elementos que me detienen. Una fuente con la escultura de un ciervo. Una estatua en bronce de Álvaro de Bazán, mirando hacia el palacio que mandó construir. Y un busto dedicado a don Julio Guillén Tato, almirante, académico de la Real Academia de la Historia y de la RAE, e historiador naval. Un nombre en un busto de plaza, pero una historia que importa: sin su empeño, este palacio podría no estar aquí para contarlo.


    Viso del Marqués es de esos sitios que uno no se espera. Un palacio renacentista italiano en plena Mancha, un archivo naval con ochenta mil legajos de historia, una iglesia con un cocodrilo del Nilo y una plaza que rinde homenaje silencioso a quienes hicieron grande a España en el mar.

📌  Información práctica

Localización: Viso del Marqués, Ciudad Real. A 35 km de Valdepeñas por la CM-412.
Visita al palacio: gratuita. Horario de visitas guiadas: consultar antes de ir (suelen comenzar a las 17:00 h).
Piden voluntad para el mantenimiento del edificio.
Pernocta: consultar Park4Night y Campercontact para la zona.

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