Fuente Caputa: Un Oasis Romano en Mula. Mi Aventura con Juan Serna

Un Capricho de la Naturaleza en Tierra Árida

 

   A pocos kilómetros de Murcia, en el término municipal de Mula, se encuentra Fuente Caputa, uno de los parajes más sorprendentes e inusuales de la Región. Contra toda lógica, en una zona tan árida y seca como es el sureste español, nos encontramos con estos manantiales que arrojan de media 5 litros por segundo a la rambla Perea.

    Fuente Caputa es el nombre de origen romano con el que se conoce este emblemático paraje muleño. Caputa deriva del latín "caput" (cabeza), y los romanos lo conocían como "Caput Aquae" (cabeza de aguas). Es un sistema de charcas que se forman por la presencia de un manantial del que afloran las aguas que se han filtrado en los extensos campos del Ardal y las laderas de las sierras y colinas circundantes.

    Las sucesivas charcas, enclavadas entre montañas y lomas, se encuentran desniveladas favoreciendo que el agua forme pequeñas cascadas para pasar de unas a otras. La vegetación circundante es la propia de los cursos de agua como la adelfa, el taray y el junco, que unida a la presencia del agua y el ruido de sus saltos hacen de Fuente Caputa un paraje de considerable interés paisajístico y medioambiental.

    Los romanos ya conocían este enclave y utilizaban las pozas como abrevadero para sus ganados, aprovechando que varias cañadas se cruzaban en Fuente Caputa.

    Para llegar, lo más aconsejable es ir hasta la población de Yéchar; el camino es más largo, pero está en mejor estado. También se puede acceder por el embalse de La Cierva desde la Autovía del Noroeste, pero el camino es muy pedregoso y está en mal estado.



Una Excursión Memorable con Juan

    Hace tiempo visité con Juan este paraje extraordinario, y fue una de esas experiencias que se quedan grabadas para siempre. Juan, con esa curiosidad insaciable que le caracterizaba, había oído hablar de este "oasis" escondido en las montañas de Mula y me propuso explorar juntos este rincón casi secreto de la geografía murciana.

La Ruta Sencilla: Siguiendo el Curso del Agua

    Decidimos hacer la ruta de senderismo más fácil y común: dejamos el coche en la explanada donde se encuentra el primer manantial y comenzamos a seguir el curso del agua por el sendero hacia el acueducto.

    Desde los primeros pasos, el contraste era impresionante. Veníamos de atravesar campos secos y pedregosos típicos del paisaje murciano, y de repente nos encontrábamos rodeados de vegetación exuberante y el sonido constante del agua corriendo. Era como entrar en otro mundo.

    Fuimos viendo varias pozas donde, según nos habían dicho, en verano se podía dar un chapuzón refrescante. Juan bromeaba diciendo que habíamos encontrado las "piscinas naturales" mejor guardadas de Murcia. El agua cristalina y el entorno natural creaban pequeños paraísos en cada recodo del sendero.

Momentos de Aventura y Precaución

    Seguimos el camino y llegamos a varias pozas más. En algunos tramos más complicados había cuerdas dispuestas para ayudar a los excursionistas a no caer al vacío. Juan, siempre dispuesto a la aventura, iba delante probando la resistencia de cada cuerda y asegurándose de que el paso fuera seguro.

    Recuerdo que en uno de esos tramos más técnicos nos paramos a contemplar cómo la naturaleza había esculpido el paisaje. Las paredes rocosas, pulidas por siglos de agua corriente, creaban formas caprichosas que invitaban a la contemplación y la fotografía.

El Gran Final: El Acueducto

    Llegamos al final de la ruta donde nos esperaba un puente o acueducto de considerable altura. Era impresionante ver esa construcción alzándose sobre el barranco, testimonio de la importancia que había tenido históricamente el aprovechamiento del agua en esta zona.

    Juan, con su ojo artístico, quedó fascinado por la arquitectura del puente y la forma en que se integraba con el paisaje natural. Pasamos un buen rato contemplando las vistas desde allí arriba y planificando el regreso, porque la ruta era de ida y vuelta y debíamos calcular bien nuestras fuerzas.

Una Segunda Aventura: La Ruta del Misterio

    En otra ocasión decidimos explorar la ruta alternativa que comenzaba en el acueducto. Siguiendo la carretera hacia abajo, descubrimos uno de los misterios más intrigantes del lugar.

    Al poco de empezar a caminar, vimos a nuestra izquierda unas zanjas cuyo origen y función no estaban nada claros. Unos decían que eran trincheras de la guerra civil, otros que se trataba de canalización de agua de época romana. Juan y yo nos convertimos en investigadores improvisados, intentando descifrar las pistas que el terreno nos ofrecía.

    Caminamos por la carretera que nos llevó por unos meandros labrados en la montaña a nuestra derecha, mientras que a la izquierda pudimos ver cómo la erosión había creado numerosas cuevas, alguna de ellas practicable. Era como un museo geológico al aire libre.

El Final Cinematográfico

    Al final de esta segunda ruta llegamos a unas construcciones abandonadas que, seguramente, fueron utilizadas para el aprovechamiento de los recursos del agua. Como curiosidad, vimos unas tuberías que drenan agua en caso de crecidas, toda una obra de ingeniería adaptada al carácter intermitente de estos cursos de agua.

    Y aquí es donde la historia se vuelve especial para mí: en este lugar grabé unas imágenes para el cortometraje "Puritafobia", con Juan como protagonista. Ver a mi amigo actuar en ese entorno tan singular, rodeado de historia y naturaleza, fue una experiencia única que combinaba mis dos pasiones: el senderismo y la creación audiovisual.

La Leyenda que Juan Narró

    Juan conocía una vieja leyenda sobre Fuente Caputa. Nunca supimos si había algo de cierto o era pura imaginación, pero él la narraba con esa pasión que solo los buenos contadores de historias poseen. En uno de mis videos, quedó grabada su narración de esta leyenda, convirtiéndose en uno de esos recuerdos sonoros que conservo de nuestras aventuras juntas.


Un Paraje que Conecta Tiempos

    Fuente Caputa se convirtió en uno de nuestros lugares favoritos porque representaba perfectamente esa conexión entre pasado y presente que tanto nos fascinaba. Los romanos habían estado allí hace dos mil años, aprovechando las mismas aguas que nosotros contemplábamos. Las construcciones abandonadas nos hablaban de épocas más recientes de aprovechamiento hidráulico. Y nosotros, en el presente, seguíamos disfrutando de este capricho de la naturaleza.

    Con Juan descubrí que Fuente Caputa no era solo un destino de senderismo: era un lugar donde la historia, la leyenda, la naturaleza y la creatividad se daban cita. Cada visita nos ofrecía algo nuevo que descubrir, algo diferente que explorar.

    Un oasis que demuestra que en los lugares más inesperados pueden esconderse los tesoros más extraordinarios, y que compartir estos descubrimientos con un buen amigo los convierte en experiencias inolvidables.














El Castillo de La Luz en Murcia y mi relación con él: Rodaje y Senderismo

Un Patrimonio Islámico Único en Peligro

 

   El Castillo de La Luz, también conocido como Castillo de Verdolay o Santa Catalina del Monte, es uno de los castillos más singulares de la comarca murciana, ya que su historia se remonta a los primeros siglos de la dominación islámica en la península ibérica. Fue construido entre los siglos VIII-IX, en época emiral-califal, y abandonado a mediados del siglo XIII tras la reconquista, por lo que se trata de una construcción puramente islámica.

    Se ubica a escasos kilómetros al sur de Murcia, próximo a La Alberca y al Santuario de la Fuensanta, formando parte del anillo defensivo de Murcia junto al castillo de Monteagudo, controlando la zona entre la costa y el núcleo urbano.

    Aunque está declarado Bien de Interés Cultural, actualmente se encuentra en ruinas y la asociación HUERMUR lo ha incluido en la Lista Roja de Patrimonio en Peligro debido a su estado de abandono. Del castillo se conservan algunos lienzos de muralla, restos de un torreón y el aljibe, construido todo ello en tapial de argamasa.


    En los alrededores se encuentran otros monumentos de interés como el Santuario Ibérico y la Necrópolis, el Eremitorio de la Luz, la Ermita de San Antonio "El Pobre" y el Santuario de la Fuensanta.

El Valle de Carrascoy y El Valle es uno de los parajes más conocidos por los murcianos para dar largos paseos, con la posibilidad de descansar después en el chiringuito de "La Balsa".



Mis Caminatas con Juan: Un Músico que me Enseñó Murcia

    Era uno de los puntos por los que pasaba cuando hacía largas caminatas con mi amigo Juan, un músico murciano que conocí cuando vivía yo en Murcia. El Castillo de La Luz estaba dentro de las rutas de senderismo que habitualmente hacen los murcianos, esos senderos que serpentean por todo el Valle de Carrascoy y que Juan conocía como la palma de su mano.

    Juan me enseñó muchas de esas rutas y juntos nos dábamos buenos paseos por toda esta zona montañosa que rodea la ciudad. Desde la Fuensanta pasábamos siempre por delante del Castillo de La Luz, y cada vez que llegábamos allí, nos deteníamos un rato. Había algo en esas ruinas que invitaba a la contemplación, al silencio, a imaginar cómo había sido la vida en esos muros hace más de mil años.

Un Escenario Natural para Ibn Arabí

Pero el Castillo de La Luz adquirió un significado especial para mí cuando decidí utilizarlo como uno de los escenarios principales de mi documental "Poemas de Ibn Arabí". Este proyecto, del cual fui guionista, director, editor... vamos, que lo hice todo, me permitió explorar la figura de este extraordinario personaje histórico.

    Ibn Arabí fue un místico sufí nacido en Murcia en el siglo XII (1165), más concretamente el 28 de julio de 1165. Conocido como "El Vivificador de la Religión" o "El Maestro más Grande", murió en Damasco en 1240 y es una figura clave en el desarrollo de la tradición sufí.

Juan como Ibn Arabí: Magia en las Ruinas

    Juan se prestó generosamente a interpretar al místico sufí, y no podía haber elegido mejor actor ni mejor escenario. Verle entre esas ruinas islámicas, representando a Ibn Arabí con la pasión que solo un músico puede aportar, fue una experiencia mágica.

    Rodamos varias escenas entre los muros de tapial de argamasa que aún se mantienen en pie, aprovechando la luz especial que se filtra entre las piedras al atardecer.

    Era como si el tiempo se hubiera detenido. Juan, con su túnica, parecía conectar directamente con el espíritu de aquella Murcia del siglo XII donde nació Ibn Arabí. Las ruinas del castillo, construido en la misma época emiral-califal que vio nacer al místico, creaban el marco perfecto para evocar esa Murcia andalusí que fue cuna de grandes pensadores.

Entre Senderismo y Cinematografía

    Combinar mis pasiones por el senderismo y la creación audiovisual en el mismo lugar tenía algo de poético. Durante días, el Castillo de La Luz fue tanto mi destino de caminatas con Juan como mi plató de rodaje. Conocía cada piedra, cada ángulo, cada momento del día en que la luz era perfecta.

    Juan disfrutaba tanto interpretando a Ibn Arabí como explicándome los secretos de los senderos que llevaban hasta allí. Era un guía perfecto: conocía cada atajo, cada fuente, cada mirador desde donde contemplar el valle. Y además, su sensibilidad musical aportaba una dimensión especial a los textos del místico sufí.


Un Patrimonio que Merece más Cuidado

    Durante todas esas visitas, tanto para senderismo como para rodaje, me dolía ver el estado de abandono progresivo del castillo. Un patrimonio de más de mil años, declarado Bien de Interés Cultural, merecía mucha más atención y cuidado.

    Cada vez que subía hasta sus ruinas, me preguntaba cuánto tiempo resistirían esos muros antes de desaparecer definitivamente. El documental de Ibn Arabí se convirtió también, sin pretenderlo, en un testimonio visual del estado del castillo en aquellos años.

Recuerdos que Perduran

    Ahora, cuando veo las imágenes del documental, no solo recuerdo los versos de Ibn Arabí o la interpretación de Juan. También recuerdo esas caminatas por el Valle, las conversaciones sobre música y misticismo, las puestas de sol desde las alturas del castillo, el sonido del viento entre las ruinas.


    El Castillo de La Luz se convirtió en mucho más que un destino de senderismo o una localización de rodaje: fue el escenario donde se cruzaron la amistad, la creatividad, la historia y la naturaleza.Ese rincón donde el presente y el pasado andalusí conviven entre piedras milenarias y senderos que siguen guiando a los amantes de la montaña hacia uno de los tesoros mejor guardados de Murcia.

    Un lugar donde cada visita era un viaje en el tiempo, donde cada paso conectaba con siglos de historia, y donde Juan me enseñó que el mejor senderismo es aquel que alimenta también el alma.



El Cau d'Elx: Un museo al aire libre que el tiempo olvida

Gracias, Jero.

    Un día, charlando con mi amigo Jero —que es de una pedanía de Elche, en Alicante—, me habló de un lugar especial: un rincón donde un vecino llevaba años construyendo esculturas y mostrándolas al mundo, sin ánimo de lucro y sin ayudas gubernamentales. Como mi curiosidad es tan intensa, enseguida me interesé por el tema y quedé con él para que me lo enseñara.


La historia de Mariano Ros


    Mariano Ros era un zapatero de Elche, jubilado, aficionado a la montaña y con dotes para la escultura. En el año 2000 comenzó este proyecto que, dicho sea de paso, ocho años más tarde tuvo que abandonar por razones puramente burocráticas.


Un legado truncado

    Con la inestimable ayuda de tres amigos —Cándido, Vicente y Pere—, fueron tallando en las piedras figuras y monumentos representativos de la vida diaria de los ilicitanos: el pantano, el Palmeral, El Misteri, la iglesia de Santa María y, cómo no, la mismísima Dama de Elche.

    Mariano Ros murió en 2017 con 91 años. Nueve años antes, la burocracia española había paralizado su proyecto porque el lugar elegido era público. Lejos de tramitar algún tipo de solicitud o permiso administrativo que promoviera el proyecto para que siguiera adelante, su legado corre el riesgo de perderse para siempre.

¿Cómo llegar a El Cau?

    Desde Elche, hay que dirigirse a la pedanía "El Ferriol" por el camino de Monforte. Nada más pasar por debajo de la autovía A-70, dejaremos a la izquierda la urbanización Bonavista. En una explanada podemos dejar el coche y desde allí continuar a pie por un sendero de unos 600 metros.



El museo al aire libre

No hace falta describir con palabras la magnitud de las esculturas. Entra en el museo y disfruta...

A continuación, os dejo una colección de fotografías que tomé durante mi visita.

También he subido un vídeo a YouTube que documenta este lugar único.

    El Cau d'Elx es un testimonio de la pasión creativa de un hombre y sus amigos, pero también un recordatorio de cómo la burocracia puede sofocar las iniciativas culturales más genuinas.



















































































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