Un Capricho de la Naturaleza en Tierra Árida
A pocos kilómetros de Murcia, en el término municipal de Mula, se encuentra Fuente Caputa, uno de los parajes más sorprendentes e inusuales de la Región. Contra toda lógica, en una zona tan árida y seca como es el sureste español, nos encontramos con estos manantiales que arrojan de media 5 litros por segundo a la rambla Perea.
Fuente Caputa es el nombre de origen romano con el que se conoce este emblemático paraje muleño. Caputa deriva del latín "caput" (cabeza), y los romanos lo conocían como "Caput Aquae" (cabeza de aguas). Es un sistema de charcas que se forman por la presencia de un manantial del que afloran las aguas que se han filtrado en los extensos campos del Ardal y las laderas de las sierras y colinas circundantes.
Las sucesivas charcas, enclavadas entre montañas y lomas, se encuentran desniveladas favoreciendo que el agua forme pequeñas cascadas para pasar de unas a otras. La vegetación circundante es la propia de los cursos de agua como la adelfa, el taray y el junco, que unida a la presencia del agua y el ruido de sus saltos hacen de Fuente Caputa un paraje de considerable interés paisajístico y medioambiental.
Los romanos ya conocían este enclave y utilizaban las pozas como abrevadero para sus ganados, aprovechando que varias cañadas se cruzaban en Fuente Caputa.
Para llegar, lo más aconsejable es ir hasta la población de Yéchar; el camino es más largo, pero está en mejor estado. También se puede acceder por el embalse de La Cierva desde la Autovía del Noroeste, pero el camino es muy pedregoso y está en mal estado.
Una Excursión Memorable con Juan
Hace tiempo visité con Juan este paraje extraordinario, y fue una de esas experiencias que se quedan grabadas para siempre. Juan, con esa curiosidad insaciable que le caracterizaba, había oído hablar de este "oasis" escondido en las montañas de Mula y me propuso explorar juntos este rincón casi secreto de la geografía murciana.
La Ruta Sencilla: Siguiendo el Curso del Agua
Decidimos hacer la ruta de senderismo más fácil y común: dejamos el coche en la explanada donde se encuentra el primer manantial y comenzamos a seguir el curso del agua por el sendero hacia el acueducto.
Desde los primeros pasos, el contraste era impresionante. Veníamos de atravesar campos secos y pedregosos típicos del paisaje murciano, y de repente nos encontrábamos rodeados de vegetación exuberante y el sonido constante del agua corriendo. Era como entrar en otro mundo.
Fuimos viendo varias pozas donde, según nos habían dicho, en verano se podía dar un chapuzón refrescante. Juan bromeaba diciendo que habíamos encontrado las "piscinas naturales" mejor guardadas de Murcia. El agua cristalina y el entorno natural creaban pequeños paraísos en cada recodo del sendero.
Momentos de Aventura y Precaución
Seguimos el camino y llegamos a varias pozas más. En algunos tramos más complicados había cuerdas dispuestas para ayudar a los excursionistas a no caer al vacío. Juan, siempre dispuesto a la aventura, iba delante probando la resistencia de cada cuerda y asegurándose de que el paso fuera seguro.
Recuerdo que en uno de esos tramos más técnicos nos paramos a contemplar cómo la naturaleza había esculpido el paisaje. Las paredes rocosas, pulidas por siglos de agua corriente, creaban formas caprichosas que invitaban a la contemplación y la fotografía.
El Gran Final: El Acueducto
Llegamos al final de la ruta donde nos esperaba un puente o acueducto de considerable altura. Era impresionante ver esa construcción alzándose sobre el barranco, testimonio de la importancia que había tenido históricamente el aprovechamiento del agua en esta zona.
Juan, con su ojo artístico, quedó fascinado por la arquitectura del puente y la forma en que se integraba con el paisaje natural. Pasamos un buen rato contemplando las vistas desde allí arriba y planificando el regreso, porque la ruta era de ida y vuelta y debíamos calcular bien nuestras fuerzas.
Una Segunda Aventura: La Ruta del Misterio
En otra ocasión decidimos explorar la ruta alternativa que comenzaba en el acueducto. Siguiendo la carretera hacia abajo, descubrimos uno de los misterios más intrigantes del lugar.
Al poco de empezar a caminar, vimos a nuestra izquierda unas zanjas cuyo origen y función no estaban nada claros. Unos decían que eran trincheras de la guerra civil, otros que se trataba de canalización de agua de época romana. Juan y yo nos convertimos en investigadores improvisados, intentando descifrar las pistas que el terreno nos ofrecía.
Caminamos por la carretera que nos llevó por unos meandros labrados en la montaña a nuestra derecha, mientras que a la izquierda pudimos ver cómo la erosión había creado numerosas cuevas, alguna de ellas practicable. Era como un museo geológico al aire libre.
El Final Cinematográfico
Al final de esta segunda ruta llegamos a unas construcciones abandonadas que, seguramente, fueron utilizadas para el aprovechamiento de los recursos del agua. Como curiosidad, vimos unas tuberías que drenan agua en caso de crecidas, toda una obra de ingeniería adaptada al carácter intermitente de estos cursos de agua.
Y aquí es donde la historia se vuelve especial para mí: en este lugar grabé unas imágenes para el cortometraje "Puritafobia", con Juan como protagonista. Ver a mi amigo actuar en ese entorno tan singular, rodeado de historia y naturaleza, fue una experiencia única que combinaba mis dos pasiones: el senderismo y la creación audiovisual.
La Leyenda que Juan Narró
Juan conocía una vieja leyenda sobre Fuente Caputa. Nunca supimos si había algo de cierto o era pura imaginación, pero él la narraba con esa pasión que solo los buenos contadores de historias poseen. En uno de mis videos, quedó grabada su narración de esta leyenda, convirtiéndose en uno de esos recuerdos sonoros que conservo de nuestras aventuras juntas.
Un Paraje que Conecta Tiempos
Fuente Caputa se convirtió en uno de nuestros lugares favoritos porque representaba perfectamente esa conexión entre pasado y presente que tanto nos fascinaba. Los romanos habían estado allí hace dos mil años, aprovechando las mismas aguas que nosotros contemplábamos. Las construcciones abandonadas nos hablaban de épocas más recientes de aprovechamiento hidráulico. Y nosotros, en el presente, seguíamos disfrutando de este capricho de la naturaleza.
Con Juan descubrí que Fuente Caputa no era solo un destino de senderismo: era un lugar donde la historia, la leyenda, la naturaleza y la creatividad se daban cita. Cada visita nos ofrecía algo nuevo que descubrir, algo diferente que explorar.
Un oasis que demuestra que en los lugares más inesperados pueden esconderse los tesoros más extraordinarios, y que compartir estos descubrimientos con un buen amigo los convierte en experiencias inolvidables.
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