Un Santuario Romano Olvidado
A dos kilómetros de Fortuna (Murcia) y muy cerca del Balneario Romano, se encuentra la Cueva Negra, un santuario que encierra uno de los tesoros arqueológicos más importantes de la Región de Murcia, aunque, tristemente, también uno de los más abandonados.
Este conjunto de tres abrigos rocosos tiene evidencias de que ya en época romana se conocía y fue utilizado como santuario. En el interior brota un manantial de agua natural, por lo que se cree que la gente acudía allí a sanar sus penas, realizar rituales de curación y hacer vida social relacionada con las divinidades salutíferas.
El nombre le viene dado por el color del techo, que está "pintado de negro" por la formación de hongos y líquenes de este color, algo que ya ocurría en tiempos romanos y que dio carácter al lugar.
Recientemente se han descubierto inscripciones escritas en latín, versos con todo tipo de plegarias llamados "tituli picti" (títulos pintados). La mayor parte de ellos fueron realizados desde época flavia hasta probablemente el siglo IV d.C., descubiertas en 1981 por un equipo dirigido por el catedrático Antonino González Blanco.
En los alrededores se ha construido una zona de picnic donde se puede pasar el día, aunque el conjunto está, como veremos, en un estado lamentable de conservación.
Mi Decepcionante Encuentro con el Abandono
Llegué a la Cueva Negra con grandes expectativas. Había leído sobre este santuario romano que alberga algunos de los fragmentos más antiguos de la Eneida de Virgilio jamás encontrados, junto con numerosas inscripciones religiosas que constituyen un testimonio único de la religiosidad romana en Hispania.
Un Tesoro Arqueológico Incomprendido
Lo primero que me impactó fue el estado de abandono en que se encuentra todo el entorno. Este lugar, que debería ser uno de los destinos arqueológicos más cuidados de Murcia, presenta un aspecto dejado que no hace justicia a su extraordinario valor histórico.
Las inscripciones latinas que se conservan en las paredes rocosas son un tesoro incalculable. Estos "tituli picti"escritos con pintura roja incluyen textos religiosos, plegarias, invocaciones a divinidades como las ninfas, Esculapio, Venus y Baco, y referencias a rituales de curación. Pero verlas en este estado de abandono resulta descorazonador.
El Manantial: Fuente de Vida y Devoción
En el interior de la cueva brota un manantial de agua natural que sin duda fue la razón de la sacralización del lugar. Los romanos creían en las propiedades curativas de estas aguas y acudían aquí como parte de un circuito religioso que incluía también los baños termales de Fortuna.
El agua sigue manando como hace dos mil años, pero el entorno que debería proteger y valorar este fenómeno está completamente descuidado. Es paradójico que el elemento que dio origen a la veneración del lugar permanezca intacto mientras que todo lo demás se deteriora.
La Zona de Picnic: Un Contraste Desolador
Los alrededores cuentan con una zona de picnic donde, en teoría, se puede pasar el día. Sin embargo, el estado de estas instalaciones refleja el abandono general del sitio. Es triste constatar que un lugar con tanto valor arqueológico e histórico no reciba el cuidado que merece.
Un Patrimonio que se Desvanece
Lo más doloroso de mi visita fue constatar cómo las inscripciones actuales han sobrescrito las primitivas. Este vandalismo moderno deja en entredicho la superioridad de nuestra cultura respecto a la romana. Mientras los antiguos habitantes de Hispania escribían versos de Virgilio y plegarias elaboradas, los visitantes contemporáneos han preferido rayar grafitis sin valor sobre testimonios de valor incalculable.
La Ironía de los "Tituli Picti" Modernos
Los "tituli picti" romanos eran textos cuidadosamente elaborados, muchos de ellos en verso, que reflejaban una profunda cultura literaria y religiosa. Incluían fragmentos de la Eneida, invocaciones a divinidades, y testimonios de personas que habían encontrado curación o esperaban encontrarla.
Los grafitis modernos que los han sobrescrito no son más que actos de vandalismo que demuestran una preocupante falta de respeto hacia nuestro patrimonio histórico. Es una metáfora dolorosa de cómo hemos perdido la conexión con nuestra herencia cultural.
Un Santuario Romano Único en España
La Cueva Negra alberga las únicas inscripciones pintadas sobre roca de época romana encontradas en España. Esto la convierte en un yacimiento arqueológico de importancia internacional. Los textos conservados son testimonios únicos de la religiosidad popular romana, de las prácticas curativas asociadas a manantiales sagrados, y de la pervivencia de la cultura clásica en la Hispania romana.
Reflexiones de un Visitante Indignado
Mi visita a la Cueva Negra me dejó sentimientos encontrados. Por un lado, la emoción de estar en presencia de textos romanos únicos, de pisar el mismo suelo que pisaron hace dos milenios personas que venían buscando curación y consuelo espiritual.
Por otro lado, una profunda indignación por el estado de abandono en que se encuentra este tesoro arqueológico. Es inadmisible que un yacimiento de esta importancia no cuente con la protección, conservación y puesta en valor que merece.
Un Llamamiento a la Responsabilidad
La Cueva Negra debería ser un orgullo para Fortuna, para la Región de Murcia y para España. En lugar de eso, es un ejemplo doloroso de cómo podemos permitir que se deteriore nuestro patrimonio más valioso.
El Contraste con Otros Santuarios
Después de visitar otros santuarios murcianos como el de la Virgen de la Esperanza en Calasparra o el de la Fuensanta, el contraste es desolador. Mientras estos lugares sagrados cristianos reciben cuidado y veneración, este santuario pagano romano, igualmente sagrado en su época, languidece en el olvido.
Una Oportunidad Perdida
La Cueva Negra podría ser un destino de turismo arqueológico de primer nivel. Con una correcta puesta en valor, podría atraer a estudiosos, turistas culturales y amantes de la historia romana. En lugar de eso, permanece como un secreto mal guardado, deteriorándose día a día.
Mi visita a la Cueva Negra de Fortuna fue una experiencia agridulce: el privilegio de estar ante un patrimonio único manchado por la tristeza de ver cómo lo estamos perdiendo por desidia e indiferencia.



