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Béjar y el Corpus Christi: Alfombras de sal, Hombres de Musgo y ocho siglos de historia viva


    Si tuvieras que elegir una sola fiesta en España que lo tenga todo, Béjar tendría muchas papeletas. No porque sea la más conocida, que no lo es. Precisamente por eso.

    El Corpus Christi de Béjar, declarado Fiesta de Interés Turístico Internacional, combina devoción religiosa, arte efímero, leyenda medieval y participación vecinal de una manera que cuesta encontrar en otro sitio. Y lo hace desde 1476, con la misma naturalidad con que esta ciudad salmantina se despierta cada mañana.

    Si estás pensando en visitarlo, o simplemente quieres saber de qué va todo esto, sigue leyendo. Lo que viene a continuación es un recorrido por los tres momentos que hacen de este Corpus algo verdaderamente único.


La víspera: cuando los vecinos convierten la calle en un lienzo

    La fiesta no empieza el domingo. Empieza el sábado, cuando Béjar sale a la calle con una misión clara: dejar el suelo tan bonito que la procesión del día siguiente parezca caminar sobre un cuadro.

    Las alfombras de sal son el corazón visible de esta preparación. Se hacen con sal teñida en hasta ocho colores, siguiendo plantillas de cartón que los vecinos diseñan con meses de antelación. En algunas calles alcanzan los cien metros de longitud y consumen más de tres mil kilos de sal. Son, en todos los sentidos, una obra de arte colectiva.

Y lo más fascinante es que se sabe desde el principio que durarán unas pocas horas.

    En ese trabajo participan cofradías, hermandades, colegios, grupos de amigos y colectivos de lo más variado, incluida la comunidad latina asentada en Béjar, que desde hace años se ha sumado a esta tradición con la misma entrega que cualquier vecino de toda la vida. Hay algo muy bonito en eso: una fiesta que integra en lugar de excluir.

    Mientras tanto, la Plaza Mayor tiene su propia vida. El Mercado Medieval ocupa el recinto con puestos de artesanía y productos locales. Hay malabares, cetrería, Baile oriental, música.


    Y bajo los soportales del Ayuntamiento, casi desapercibida entre el bullicio, la custodia ya espera. Mañana será la protagonista.



El Vestimiento: un ritual que huele a musgo húmedo y a historia de ocho siglos

    El domingo empieza antes de que Béjar despierte. A las ocho de la mañana, en el claustro del Convento de San Francisco, hay metros de musgo extendido en el suelo esperando a seis personas que han sido elegidas para convertirse, por unas horas, en algo más que vecinos.

¿Qué son los Hombres de Musgo?

    La historia arranca el 17 de junio de 1208. Béjar llevaba años bajo dominio musulmán.

    Un grupo de vecinos decidió recuperarla de una manera tan audaz que roza lo inverosímil: se cubrieron enteros de musgo, se acercaron de noche a las murallas y esperaron. Cuando los centinelas los vieron al amanecer, confundieron las figuras con monstruos y huyeron despavoridos. Sin una sola batalla, Béjar volvió a ser libre.

    Aquella gesta se celebró cada año hasta que en el siglo XIV se fusionó con el Corpus Christi. Desde entonces, los Hombres de Musgo desfilan en la procesión como símbolo vivo de esa memoria colectiva. Son el único ejemplo que se conserva en España de esta tradición.

El Vestimiento: un oficio de familia

    Vestir a un Hombre de Musgo no es cosa de cualquiera. La familia Romero lleva más de cincuenta años haciéndolo, tres generaciones que empezaron con el patriarca Santiago en los años sesenta y que hoy continúan con su hijo Alejandro y su nieto Raúl. Son ellos quienes durante horas envuelven a los elegidos con cuerda y musgo húmedo hasta crear una armadura vegetal que puede pesar entre doce y veinte kilos.

    El resultado es una figura que impresiona. Especialmente la porra o garrote, un mazo de madera también recubierto de musgo, sujeto firmemente al brazo, que refuerza esa imagen entre lo ancestral y lo inquietante que hace que quien los ve por primera vez no pueda apartar la mirada.

    Cuando el proceso termina, antes de salir a la calle, hay un momento de calma en el claustro. La gente que ha asistido se acerca, hace fotos, observa de cerca lo que acaba de ocurrir. Hay algo casi ceremonial en ese silencio.

El camino hacia la procesión

    Los seis salen al exterior y recorren las calles hasta la Plaza Mayor en formación, en fila de a dos, sin música, sin celebración. Solo el murmullo de quienes los acompañan. La gente se aparta instintivamente. Es difícil no hacerlo.

    Por el camino se cruzan con mujeres ataviadas con traje de gala y peineta que se dirigen a la misma plaza para unirse al cortejo. En la Plaza Mayor los esperan las autoridades, el estandarte y las cofradías. Todos juntos emprenden el camino hacia la plaza de San Juan Bosco, donde se unirán a la procesión.


La Procesión: la ciudad entera en la calle

    La Iglesia de Santa María la Mayor es el punto de partida. Lleva siéndolo desde 1597. Desde aquí, cada año, arranca la procesión más solemne de Béjar.

    El orden de salida tiene su propio significado. Primero, los niños y niñas que han tomado la primera comunión ese día, los más pequeños abriendo el camino. Detrás, el paso con la Virgen, después la custodia y el sacerdote. Y cerrando la comitiva, la banda de música, formada también por jóvenes. Béjar pone a sus más jóvenes al frente de su fiesta más antigua.

    Encabezando el cortejo, una presencia que merece mención especial: la comunidad paraguaya de Béjar, que participa en la procesión como parte activa de una fiesta que también han hecho suya.

    En la Plaza de San Juan Bosco se produce el encuentro que muchos esperan. Los Hombres de Musgo, que han aguardado con paciencia, se incorporan al cortejo junto a las autoridades municipales y provinciales. A partir de ese momento, la procesión es ya todo lo que promete ser.

    El recorrido por el casco histórico avanza sobre las alfombras de sal, que son pisadas por la procesión en el silencio respetuoso del público. Las campanas de la Iglesia del Salvador repican. El incienso se eleva frente al Ayuntamiento. Los Hombres de Musgo caminan despacio, imponentes, cargando el peso de ocho siglos.

    La procesión se detiene en el Atrio de San Juan y en la Plazuela de Martín Mateos, dos de los puntos con las alfombras más espectaculares del recorrido. En Martín Mateos, además, una recreación del escenario de los Hombres de Musgo recibe al cortejo con toda la carga simbólica que eso implica.

    Ver las alfombras después de que la procesión haya pasado por encima es una de esas imágenes que se quedan. Lo que era un tapiz perfecto de colores ahora es un rastro de pasos. Efímero, sí. Pero eso es exactamente lo que se buscaba.


Si quieres ir: información práctica

    El Corpus de Béjar se celebra cada año en junio, coincidiendo con la festividad del Corpus Christi. Las alfombras se construyen el sábado y la procesión es el domingo por la mañana. El Vestimiento comienza a las ocho de la mañana en el Convento de San Francisco y está abierto al público.

    El casco antiguo de Béjar tiene calles estrechas y con pendiente, no es apto para vehículos grandes. Lo más cómodo es aparcar en la zona más nueva de la ciudad y acceder a pie al centro histórico.

🚐  Área de autocaravanas
Béjar Caravan Park · Carretera de la Estación s/n (N-630) (antigua estación de ferrocarril) · Gratuita · Agua y vaciado de aguas residuales incluidos · Estancia máxima 48 horas
Alternativa cercana: área de autocaravanas de Baños de Montemayor, a 15 km.


Los vídeos de la serie en Carretera y Monta

    Si quieres ver todo esto en imágenes, aquí tienes los tres vídeos que he dedicado al Corpus de Béjar:


Béjar es de esas ciudades que no aparecen en las listas de los grandes destinos. Y quizás por eso merece la pena tanto ir.

Carretera y Monta · Pequeños viajes para grandes recuerdos

La Peregrinación de Les Useres


Descalzos, en silencio y con más de 600 años de historia: el camino desde Les Useres hasta el Santuario de Peñagolosa

    Hay tradiciones que no se explican. Se caminan. La Peregrinación de Les Useres es una de ellas.

    Cada año, en el último viernes de abril, un grupo de peregrinos parte de la pequeña localidad de Les Useres, en el interior de la provincia de Castellón.

    Su destino: el Santuario de Peñagolosa, a 35 kilómetros por el monte. Lo hacen en silencio, acompañados por los cánticos que llevan siglos repitiéndose y los rezos que marcan cada parada del camino.
    Salen de la iglesia descalzos, con el sonido de una campana que los acompaña en esos primeros pasos, pero al llegar al Corral Roig Filador, a las afueras del pueblo, se calzan las botas para afrontar los 35 kilómetros de monte. Solo al llegar al santuario de Peñagolosa vuelven a quitárselas.

    Los documentos históricos más antiguos que recogen esta tradición se remontan al siglo XIV. Más de 600 años de peregrinos haciendo lo mismo, el mismo día, por el mismo camino. Y la emoción sigue siendo la misma.

Este reportaje recorre la jornada completa, desde la misa antes del amanecer en la iglesia de Les Useres hasta la procesión nocturna de velas alrededor del monasterio de Peñagolosa.

Reportaje completo en vídeo


🌙  Antes del alba — La misa a puerta cerrada · 7:00 h


    Son las siete de la mañana en Les Useres. El pueblo todavía duerme, pero en la iglesia ya hay luz. Una misa a puerta cerrada reúne a los peregrinos antes de que comience todo. Solo para ellos. Un momento de recogimiento interior antes de enfrentarse al camino.

    Las calles se van llenando poco a poco de gente que camina en silencio hacia la iglesia. La campana suena en la oscuridad. Dentro, el órgano. Fuera, el frío de la madrugada y la expectativa de lo que está a punto de comenzar.

    A las ocho en punto, las puertas se abren.


🕊️  La salida — Descalzos sobre un manto de hojas · 8:00 h


    Primero sale el párroco, custodiado por su séquito. Detrás, los clavarios, los responsables de organizar y sostener esta peregrinación año tras año. Y entonces, uno a uno, comienzan a salir los peregrinos.

    Van descalzos. La puerta de la iglesia está cubierta por un manto de hojas de árbol extendido en el suelo, un gesto de humildad que prepara el cuerpo y el espíritu para lo que viene. Algunos se arrodillan en la misma entrada antes de dar el primer paso. Besan la tierra. Ofrecen su penitencia en silencio.

    No hay palabras. Solo una campana, el golpe rítmico de los bastones sobre los adoquines, y los cánticos que llevan generaciones repitiéndose en esta misma calle, a esta misma hora. El pueblo los observa desde las aceras. Nadie habla. Es esa clase de silencio que no pesa, sino que acompaña.


🍂  El pueblo se queda vacío · 8:30 h


    Mientras los peregrinos avanzan por unas calles, el público se mueve por otras para encontrarse con ellos una última vez antes de que el monte se los lleve. Hay quien los sigue hasta las afueras del pueblo para verlos partir.

    Cuando ya no queda nadie, los niños y las mujeres salen a recoger las hojas del manto que los peregrinos han pisado al salir. Un gesto sencillo, casi doméstico, que cierra algo que las palabras no terminan de explicar.

    Les Useres se queda vacío. Y en ese vacío todavía resuena el bastón.


🥾  El camino comienza — Se calzan las botas · ~9:00 h


    Al salir del casco urbano, los peregrinos se detienen. Es el momento de calzarse las botas. A partir de aquí el terreno cambia por completo: el asfalto cede al monte, a la piedra, a los caminos de tierra seca de la sierra castellonense.

    Delante de ellos: 35 kilómetros. Al final, el santuario de Peñagolosa.

    La mayoría del público se queda aquí, viéndolos alejarse. Pero hay quien no puede evitarlo y los sigue. Delante o detrás, siempre a distancia, sin hablar ni molestar. Como si el camino también los llamara a ellos, aunque no lo hayan planeado.

    Y entonces desaparecen entre los árboles. El campo se cierra detrás de ellos. El silencio vuelve a ser el de siempre.


🏔️  Xodos y Peñagolosa — La tierra que cruzan · Mediodía


    Mientras los peregrinos avanzan lejos de cualquier cámara, haciendo paradas para comer, descansar y rezar, nosotros los esperamos en el siguiente punto del recorrido.

    El municipio de Xodos aparece de repente encaramado sobre la roca, como si siempre hubiera estado ahí y el mundo se hubiera construido a su alrededor. Calles estrechas, piedra antigua, silencio y más de mil metros de altitud. Un pueblo que parece detenido en el tiempo.

    Y al fondo, presidiendo el horizonte, el Peñagolosa. Con sus 1.813 metros, es el pico más alto de la Comunitat Valenciana. Un lugar que durante siglos ha sido refugio, referencia y destino espiritual para las comunidades del interior.

Sobre Xodos

Xodos es un pequeño municipio de la comarca de l'Alcalatén, con apenas un centenar de habitantes censados. Su caserío medieval, sus vistas al Peñagolosa y su tranquilidad lo convierten en una parada especialmente recomendable para quienes visiten la zona.



🐴  Reaparición en el campo — La Fuente de los Possos · Tarde

    A lo lejos, una procesión de figuras cruza el paisaje abierto. Primero se distinguen los caballos y las mulas, que transportan los víveres y el material de asistencia para los peregrinos. Detrás, poco a poco, van apareciendo ellos.

    Han caminado durante horas por caminos que no salen en los mapas modernos. Y aun así, siguen en fila. Siguen en silencio.

    En la Fuente de los Possos, la comitiva se detiene. Es el momento de beber, comer algo, tomar aliento. Y de rezar un cántico más antes de continuar. Hay algo en esa pausa que resulta profundamente humano: el cuerpo pide descanso y la fe lo concede. Luego, se levantan y siguen.




🌅  La llegada — El santuario al atardecer · ~21:00 h


    El Santuario de Peñagolosa lleva siglos esperando en este mismo lugar, entre pinos y piedra, a más de 1.300 metros de altitud. Es un edificio sobrio, casi austero, que parece construido a propósito para no distraer de lo que importa.

    La gente ya está aquí cuando llegan. Han subido por sus propios medios, y llevan un rato esperando en silencio. En el ambiente hay algo que no es exactamente tensión, pero sí anticipación.

    Llegan primero los caballos y las mulas. Luego, con el atardecer ya casi consumido, aparecen ellos. En la cruz que hay a la entrada del santuario, los peregrinos se descalzan de nuevo. Los pies desnudos tocan de nuevo el suelo. Los cánticos se elevan. Y en fila, como han hecho durante todo el día, se dirigen hacia la capilla.


🕯️  Solo las velas — La procesión nocturna · Noche


    No es posible entrar a la capilla. Hay momentos que pertenecen solo a quienes los han ganado a pie.

    Pero al rato, vuelven a salir. Y rodean el monasterio en procesión. Descalzos todavía. Ya es de noche.

    No se ven sus caras. No se distinguen sus ropas. Solo las llamas de las velas, moviéndose despacio en la oscuridad, dibujando un círculo de luz alrededor de los muros del santuario.


"Hay tradiciones que no se explican. Solo necesitan que alguien las camine."

¿Y al día siguiente?

Los peregrinos pasan la noche en el santuario de Peñagolosa. A la mañana siguiente emprenden el camino de vuelta a Les Useres, recorriendo los mismos 35 kilómetros en sentido inverso. Una tradición que no termina en la llegada, sino en el regreso. El año que viene os contaremos esa segunda parte del viaje.



Cómo llegar y cómo organizarte la visita

    Les Useres se encuentra en la comarca de l'Alcalatén, a unos 40 km al oeste de Castellón de la Plana. Se accede fácilmente en coche por la CV-190. El parking en el propio pueblo es limitado el día de la peregrinación, por lo que se recomienda llegar pronto.

    Para ver a los peregrinos en ruta, los puntos más accesibles son las afueras de Les Useres (en la salida del pueblo), Xodos y la Fuente de los Possos. El acceso al santuario de Peñagolosa se realiza por la CV-170 desde Vistabella del Maestrat.

Información para autocaravanistas

    La opción más cercana al recorrido es el área de autocaravanas de Vistabella del Maestrat, situada en la urbanización de Les Forques, calle Papallona Isabelina. Cuenta con baños, agua potable, vaciado de aguas grises y negras, zona recreativa y superficie asfaltada con iluminación nocturna. Acceso directo desde la CV-170.

    Desde Vistabella puedes organizar cómodamente la visita a Xodos, la Fuente de los Possos y el propio Santuario de Peñagolosa. Un punto de partida ideal para explorar el interior de Castellón a tu ritmo.



Carretera & Monta · Viajes, pueblos y caminos por descubrir

Serradilla, el pueblo que no para de sorprender


Cáceres · Reserva de la Biosfera de Monfragüe

    Hay pueblos que visitas una vez y te dan todo lo que tienen. Y hay pueblos que cada vez que vuelves te guardan algo nuevo. Serradilla, en la provincia de Cáceres, es de los segundos. Llevo varias visitas y todavía siento que me queda mucho por descubrir.

Todo empezó casi por casualidad, como suelen empezar las mejores cosas.



Jorge y su cueva

    Iba caminando por las afueras del pueblo cuando algo me detuvo. No era la arquitectura. Eran las esculturas. Decenas de figuras de cemento, colores vivos, objetos reciclados integrados en la obra, cubriendo la fachada de piedra de una casa. Me acerqué a hacer unas fotos y desde dentro me habló una voz.

    Era Jorge. Jorge Morales González, jubilado, y artista por pura vocación. Me invitó a entrar y pasé casi una hora recorriendo su mundo: paredes cubiertas de esculturas de temática variada, culturas mezcladas, colores primarios sin mezclar porque la economía manda, objetos que otros habrían tirado convertidos en arte. Todo hecho con sus manos, con cemento y fibra de construcción, con baúles viejos, sillas de mimbre, soportes de palanganas. Hasta su cuarto de baño está integrado entre las obras.

    Hablamos de Palestina, de los colores que el Ayuntamiento le propone para que siga con su obra, de por qué prefirió revestir la fachada de piedra antes que rendirse. Y de que todo esto le llena la mente.



🎬  Ver el reportaje completo: Jorge y su cueva. Arte outsider en el corazón de Extremadura


La ruta de las fuentes y las ermitas

    Serradilla tiene catalogada una ruta urbana que el propio Ayuntamiento promociona en sus folletos: la ruta de las fuentes y las ermitas. Decidí recorrerla sin mapa, preguntando a los vecinos que me iba encontrando. Eso, de por sí, ya fue una experiencia.

    Porque los vecinos de Serradilla hablan de una manera que no se escucha en ningún otro lugar del mundo. El serraillanu es un dialecto único, mezcla de castúo extremeño y asturleonés, traído por los primeros pobladores hace siglos. Hoy lo hablan apenas mil quinientas personas y está en peligro de extinción. En las fachadas de las casas, palabras escritas en hierro forjado recuerdan que este pueblo tiene un idioma propio.


    Las fuentes son cuatro: la Nueva, la de los Grifos, la de las Huertas y la del Capillo. Cada una con su personalidad, construidas en pizarra, ladrillo árabe o mampostería. Y todas con algo en común: el abandono. Los grifos de la fuente que les da nombre ya no existen. Los pozos están cerrados. La vegetación ha ganado terreno. Es un patrimonio que merece más atención de la que recibe.

    Las ermitas son barrocas, del siglo XVIII, y están todas cerradas salvo una. San Antonio de Padua, Santa Ana, Santa Bárbara, integrada en el propio cementerio municipal. Solo sus fachadas cuentan lo que fueron. La ermita de Santa Catalina me quedó pendiente para otra visita.

    Y al final del recorrido, la joya. El Santuario del Santísimo Cristo de la Victoria, el segundo más visitado de Extremadura y el único que estaba abierto. Su historia merece contarse despacio: una beata serradillana, Francisca de Oviedo, encargó en Madrid la talla al escultor Domingo de Rioja en 1631. La imagen causó tanta devoción que el rey Felipe IV la retuvo en el Palacio Real. La beata no se rindió. Ocho serradillanos fueron de noche a buscarla y la trajeron a escondidas hasta el pueblo. Era el 13 de abril de 1641. Desde entonces, el Cristo apenas ha salido del santuario. Solo dieciséis veces en casi cuatro siglos. Los serradillanos le llaman el Cristu Benditu.

    Pude subir al camarín. Desde allí, la talla se ve de cerca, casi al mismo nivel. Es una experiencia difícil de describir, seas o no creyente.



🎬  Ver el vídeo completo: La Ruta de las Fuentes y las Ermitas. Serradilla, Cáceres


La Huella del Hombre en Monfragüe

    En Serradilla hay un centro de interpretación que se llama exactamente así: La Huella del Hombre en Monfragüe. Y el nombre no engaña. Es un espacio dedicado a la etnografía y la arqueología que recorre la historia de quienes han vivido en este territorio desde la Prehistoria hasta hoy.

    Hay útiles prehistóricos, recreaciones de la vida cotidiana en distintas épocas, objetos que te devuelven a un pasado que en muchos casos no está tan lejos. Y reserva un espacio especial para el Tesoro de Serradilla: veintitrés piezas de oro del siglo IV a.C., entre arracadas, cadenillas y placas. El conjunto original está en el Museo Provincial de Cáceres, pero aquí puedes ver la réplica de una de las piezas y entender por qué este hallazgo fue tan significativo.

Una visita breve pero densa, ideal para completar cualquier ruta por el pueblo.


🎬  Ver el vídeo: La Huella del Hombre en Monfragüe. Centro de Interpretación de Serradilla


La Vereda del Lobo

    Para quienes prefieren el campo a los museos, Serradilla es también un punto de partida perfecto para el senderismo. La Vereda del Lobo recorre la cuerda de la sierra entre dehesas de encina, paisaje mediterráneo y vistas espectaculares. En lo alto, un monumento al lobo marca uno de los puntos más singulares del camino.

    El entorno del Parque Nacional de Monfragüe, con sus buitres, sus rapaces y sus paisajes de roca y bosque mediterráneo, convierte cualquier ruta por la zona en algo que cuesta olvidar.

🎬  Ver el vídeo: La Vereda del Lobo. Senderismo en Serradilla, Cáceres


Y una noche de Viernes de Dolores

    Tuve la suerte de estar en Serradilla la noche del Viernes de Dolores. Los vecinos salen a acompañar a la Virgen con faroles de papel y caña. Al final de la procesión, los queman. Una tradición sencilla y poderosa que el pueblo lleva repitiendo generaciones. Si tienes ocasión de coincidir, no te la pierdas.

🎬  Ver el vídeo: Procesión de los Faroles. Viernes de Dolores en Serradilla, Cáceres



Cómo llegar y dónde aparcar

    Serradilla está en la provincia de Cáceres, a unos ocho kilómetros del Parque Nacional de Monfragüe. Se llega fácilmente por la A-66 tomando la salida hacia Plasencia y siguiendo la CC-226 en dirección Mirabel y Serradilla.

    Para los que viajáis en autocaravana: de momento no hay área oficial en el pueblo, aunque el Ayuntamiento está estudiando habilitarla. Existe un aparcamiento junto al cementerio que puede utilizarse mientras tanto.



Mi Cuadro Fantástico · Todos los vídeos de Serradilla están disponibles en el canal de YouTube en la lista Serradilla, Cáceres. Si el pueblo te ha llamado la atención, échale un vistazo. Hay mucho más de lo que parece.

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