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San Clemente, Cuenca: La Pequeña Corte de La Mancha


    Hay pueblos que sorprenden desde el primer momento en que pones un pie en su plaza mayor. San Clemente es uno de ellos. Situada en el sur de la provincia de Cuenca, en plena Mancha Conquense, esta villa acumula siglos de historia entre sus calles adoquinadas, sus palacios renacentistas y sus iglesias y conventos que recuerdan tiempos de esplendor. No en vano, sus apodos lo dicen todo: Joya del Renacimiento y Pequeña Corte de La Mancha.
    Declarada Conjunto Histórico Artístico en 1980, San Clemente es uno de esos destinos que no aparecen en las guías de los grandes circuitos turísticos, pero que dejan una huella duradera en quien se toma el tiempo de recorrerla a pie y sin prisa. Eso es exactamente lo que hice en mi última visita.

Un poco de historia

    Los primeros vestigios de asentamiento humano en este territorio se remontan a la Edad del Bronce, aunque fue durante la época romana cuando la zona cobró importancia estratégica, como atestigua el puente sobre el río Rus, el mejor conservado de toda la provincia de Cuenca. Tras la reconquista cristiana, Alfonso VIII concedió el privilegio de posesión de la aldea de Rus en 1211, y en 1445 Juan Pacheco, Maestre de Santiago, otorgó a San Clemente el título de villa.

    Fue el apoyo a los Reyes Católicos lo que marcó el gran salto de la villa: la incorporación a la Corona de Castilla y la concesión de un mercado franco dieron inicio a una época de crecimiento urbano y económico que dejó como herencia los edificios más representativos que hoy podemos visitar. Palacios, conventos, iglesias y casas blasonadas que hablan de una villa que en su momento de mayor esplendor atrajo a nobles, hidalgos, religiosos y comerciantes de toda la región.

El Ayuntamiento y la Fundación Antonio Pérez

    Mi visita empezó en la Plaza Mayor, donde el antiguo ayuntamiento renacentista del siglo XVI preside uno de los conjuntos urbanísticos más elegantes de Castilla-La Mancha. El edificio, declarado Bien de Interés Cultural, alberga hoy la oficina de turismo y el Museo de Obra Gráfica, una de las sedes de la Fundación Antonio Pérez.

    Antonio Pérez fue un artista, editor y coleccionista nacido en Sigüenza en 1934 y fallecido en diciembre de 2024. Llegó a Cuenca a finales de los años cincuenta, en una época en que la ciudad vivía una explosión artística de la mano de figuras como Gustavo Torner, Fernando Zóbel o Antonio Saura. Durante décadas reunió una colección de más de cinco mil obras que en 1998 donó a la Diputación Provincial de Cuenca, dando origen a la Fundación que lleva su nombre.

    La sede de San Clemente, inaugurada en 2006, está dedicada íntegramente a la obra gráfica y es uno de los pocos museos de España especializados en este formato. Grabados de Saura, Tàpies, Millares, Zóbel o Canogar conviven en las salas de este edificio del siglo XVI con exposiciones temporales que renuevan periódicamente la oferta. La entrada es gratuita.

    En el patio interior me recibió la escultura Cupito... ¿Y por qué no? del artista Carlos Pazo, una pieza que resume bien el espíritu de la fundación: el arte contemporáneo instalado con naturalidad en un edificio histórico, sin estridencias.

La Iglesia de Santiago Apóstol

    Justo enfrente del museo de obra gráfica y la oficina de turismo se alza la Iglesia de Santiago Apóstol, el otro gran Bien de Interés Cultural de San Clemente. Su construcción arrancó en el siglo XVI con un estilo que mezcla el gótico tardío con el renacimiento, y el resultado es un templo que desde fuera ya impresiona por la monumentalidad de su portada, un gran arco triunfal de medio punto que enmarca la entrada principal.

    En el interior, las bóvedas de crucería, el retablo mayor y las capillas laterales hablan del peso económico y espiritual que tuvo esta villa en su época de máximo esplendor. Me detuve especialmente ante la cruz de alabastro, una pieza de una delicadeza extraordinaria: la luz que la atraviesa la convierte en algo casi etéreo, difícil de describir y fácil de recordar. Antes de salir, rodeé el edificio para ver la portada sur, otro ejemplo de la riqueza decorativa de este templo que merece ser visto desde todos los ángulos.

El Arco y los soportales

    Un arco une la iglesia con el ayuntamiento. Se le conoce popularmente como el Arco Romano, aunque en realidad es barroco del siglo XVII. Un nombre equivocado que llevan con naturalidad los sanclementinos. Pasar por debajo de él y aparecer bajo los soportales del ayuntamiento histórico es uno de esos momentos que hacen que merezca la pena el viaje.

El recorrido por la villa

San Clemente se disfruta mejor caminando sin un itinerario demasiado rígido, dejando que las calles te lleven de un edificio a otro. Mi visita coincidió con el horario de cierre de la mayoría de los monumentos, así que me tuve que conformar con las fachadas, que ya son un espectáculo en sí mismas.

    El Pósito del siglo XVI, con su doble entrada en arco y el escudo de los Austrias entre pilastras, es uno de los edificios más rotundos de la plaza. La Casa de los Acacio, sencilla construcción del siglo XVII reconvertida en restaurante, invita a quedarse a comer. La Ermita de San Roque, protegida por una verja de hierro forjado, y la enigmática Casa de la Reina Mora, también conocida como Casa de la Tercia, son dos paradas imprescindibles en el recorrido.

    La antigua Iglesia de la Compañía de Jesús recuerda la expulsión de los jesuitas en 1767, uno de los episodios que marcaron la historia de la villa. Más adelante, la Torre Vieja, único edificio medieval que se conserva en San Clemente, construida en el siglo XV con uso militar y de vigilancia, alberga hoy el Museo Etnográfico de Labranza, con tres plantas de aperos, utensilios domésticos y herramientas del campo, y una panorámica desde lo alto que vale la subida.

    El Convento de los Padres Franciscanos, que llegó a tener su propio corral de comedias, y el Monasterio de las Clarisas, de clausura, completan un conjunto conventual extraordinario. La biblioteca pública y el mercado de abastos recuerdan que San Clemente es también una villa viva, con su ritmo cotidiano más allá del turismo.

    El Pasaje de los Arcos, galería comercial y residencial, y el Paseo del Arrabal, donde se encuentran el Convento de San José y Santa Ana y el Palacio de los Melgarejo, cierran el recorrido por el casco histórico antes de llegar al río.


Los puentes y el río Rus

    El colofón de la visita llegó a orillas del río Rus, donde conviven un puente medieval y el puente romano de tres arcos de sillería, el mejor conservado de toda la provincia de Cuenca. Verlos juntos, con el agua fluyendo por debajo y la llanura manchega extendiéndose alrededor, es una imagen que resume bien lo que es San Clemente: un lugar donde el tiempo se ha ido acumulando en capas, desde los romanos hasta hoy, sin borrar lo que vino antes.

Información para autocaravanistas y viajeros

    San Clemente es perfectamente accesible en autocaravana. La villa se encuentra en el cruce de las autopistas A-43 y AP-36, lo que la convierte en un punto de paso cómodo entre Madrid, Albacete y Valencia.

🅿️ Aparcamiento: Dispone de varias zonas de aparcamiento en las afueras del casco histórico donde es posible dejar el vehiculo sin dificultad. Consulta la señalización a la entrada del pueblo para encontrar el área más adecuada según el tamaño del vehículo.

🚿 Área de servicio: Verifica en aplicaciones como Park4Night o Campercontact la disponibilidad de áreas de servicio actualizadas, ya que la oferta puede variar.

🛒 Servicios: La villa cuenta con supermercados, gasolineras y restaurantes. El mercado de abastos es una buena opción para abastecerse de productos locales.

⏱️ Tiempo recomendado: Con una mañana tienes suficiente para ver lo esencial. Si quieres visitar el interior de los museos y la iglesia con calma, reserva el día completo. Los lunes suelen ser día de cierre en algunos museos, así que conviene consultarlo antes.

📍 Combinación recomendada: San Clemente está a menos de 50 kilómetros del Castillo de Belmonte, por lo que ambos destinos pueden formar parte de una misma ruta.

 El Área de autocaravanas La Celadilla en San Clemente es un espacio público de acceso gratuito gestionado por el ayuntamiento, ideal para pernoctar y realizar el mantenimiento básico del vehículo.

📍 Ubicación y Accesos
  • Dirección: Carretera del Cementerio, 17, 16600 San Clemente, Cuenca.
  • Coordenadas GPS: N 39º 23' 56'' / W 02º 26' 00''.
  • Conectividad: Situada de forma estratégica a menos de 200 km de Madrid y Valencia. Cuenta con acceso directo desde la autovía A-43 (salida 149/155) y la autopista AP-36.
🛠️ Servicios Disponibles
  • Capacidad: Dispone de 10 a 12 plazas delimitadas sobre suelo llano y asfaltado.
  • Servicios básicos: Punto ecológico gratuito para el vaciado de aguas grises y negras, además de toma de agua potable.
  • Restricciones: El tiempo máximo permitido para la pernocta es de 72 horas. Está prohibido desplegar elementos de acampada (toldos, mesas o sillas fuera del vehículo).
  • Entorno: Se encuentra iluminada por la noche y está ubicada en una zona tranquila a las afueras, a solo 200 metros de comercios locales, supermercados y restaurantes.
📝 Notas de los usuarios
  • Herramientas: Varios viajeros de plataformas como Campercontact sugieren llevar un alicate o llave de fontanero, ya que el grifo de llenado de agua a veces carece de maneta para evitar el vandalismo.
  • Feria local: Durante las fiestas de la localidad (habitualmente a mediados de agosto), el área se reubica temporalmente al coincidir con el recinto ferial.
Vale la pena desviarse

San Clemente es de esos lugares que no necesitan justificación. Si vas por la Mancha conquense o simplemente buscas un destino diferente al que se sale de los circuitos habituales, esta villa tiene suficiente para ocupar una jornada entera y dejarte con ganas de volver. El arte de la Fundación Antonio Pérez, la arquitectura de sus iglesias y palacios, y la tranquilidad de sus calles son más que razones suficientes para desviarse.

Pequeña Corte de La Mancha. El nombre le viene grande, pero la villa lo aguanta sin esfuerzo.

📺 Puedes ver el vídeo de esta visita en el canal Carretera y Monta en YouTube.

La ruta de los dólmenes de Valencia de Alcántara: cinco mil años entre berrocales

 


    Hay patrimonio que se visita y hay patrimonio que se experimenta. Los dólmenes de Valencia de Alcántara pertenecen claramente al segundo grupo. No están en un museo, no hay una valla que los separe del mundo, no hay un cartel que te diga dónde debes ponerte para hacerte la foto. Están en el campo, entre alcornoques y berrocales de granito, exactamente donde alguien los colocó hace más de cinco mil años. Y ahí siguen.

    Esta es la última entrada de la serie sobre el viaje por la raya hispano-lusa, y también la que más cuesta cerrar. Los dólmenes de Valencia de Alcántara son uno de esos sitios que merecen más de una visita, más de una mañana, más de una ruta. Y, siendo honesto, más templanza con el calor de Extremadura en verano.

Un contexto que hay que conocer antes de llegar

    El término municipal de Valencia de Alcántara es uno de los territorios con mayor concentración de monumentos megalíticos de Europa occidental. Se han catalogado 55 dólmenes, de los cuales 33 están construidos en granito y 8 en pizarra; otros 14 han desaparecido a lo largo de los siglos, destruidos o desmantelados para aprovechar la piedra en construcciones posteriores.

    Todos ellos fueron levantados entre el cuarto y el tercer milenio antes de Cristo, durante el Neolítico final y el Calcolítico, por comunidades sedentarias de agricultores y ganaderos que habían comenzado a establecerse de forma estable en esta región. Construyeron estos monumentos como lugares de enterramiento colectivo, pero también como marcadores territoriales y simbólicos: una manera de decir "aquí estábamos, aquí enterramos a los nuestros, este territorio era el nuestro". Una función que, vista desde hoy, sigue teniendo una lógica perfectamente comprensible.

    Fueron declarados Bien de Interés Cultural en 1992 y forman parte de la candidatura española para la Lista de Patrimonio de la Humanidad de la UNESCO. La Diputación de Cáceres y el Ayuntamiento de Valencia de Alcántara han trazado cinco rutas distintas para organizarlos y hacerlos accesibles, cada una con su propio punto de partida y su propia lógica de recorrido.


La Ruta 5: la recomendación de quien sabe

    En la oficina de turismo de Valencia de Alcántara, instalada en la antigua Iglesia de Santa Clara, la recomendación fue directa y sin ambages: la Ruta 5, que parte desde la pedаnía de la Aceña de la Borrega, es la que reúne los dólmenes mejor conservados y más accesibles del conjunto. Es la ruta más visitada, la mejor señalizada, y la que permite ver en un solo recorrido los monumentos más representativos.

    El acceso es sencillo: desde Valencia de Alcántara se toma la N-521 en dirección a Portugal y, a unos dos kilómetros, se desvía por la CC-154 hasta llegar a la pedаñía de la Aceña de la Borrega. El paisaje durante el trayecto ya avisa de lo que viene: berrocales de granito, alcornoques, dehesa abierta. Un paisaje que tiene exactamente el mismo aspecto que tenía hace cinco mil años, más o menos.

    La ruta está perfectamente señalizada con postes numérados. El consejo de la técnica de turismo: dejar el vehículo en el punto 8, junto al mirador de estrellas, y hacer el recorrido desde ahí en sentido contrario al marcado, comenzando por los Cajirón I y Carió II y terminando por el Mellizo. Así se llega al mejor conservado al final, cuando uno ya ha calibrado la escala y la importancia de lo que está viendo.


El Mirador del Berrocal de la Data: el aperitivo

    A los pocos metros de dejar el vehículo y comenzar a caminar, aparece el Mirador del Berrocal de la Data: una estructura metálica con escaleras desde la que se domina visualmente todo el entorno. El berrocal granítico se extiende en todas las direcciones, con la Sierra de Jola al fondo y Portugal al otro lado de la línea invisible que divide los dos países.

    Es un buen punto de partida no solo para orientarse, sino para entender la lógica del paisaje en el que están inscritos los dólmenes. Estas comunidades del Neolítico no eligieron los emplazamientos al azar: los otøeros, los puntos elevados, los lugares con conexión visual con otros puntos del territorio. El mirador, sin quererlo, ayuda a leerlo todo.

Los dólmenes Cajirón I y Cajirón II: una necrópolis de dos sepulcros

Cajirón I

    El primer dólmen de la ruta, al que se accede por un sendero de unos ochenta metros bien señalizado a la derecha del camino principal. Cámara de tres metros de diámetro, corredor corto, siete ortostatos de granito hincados en el suelo. La cubierta no se conserva. Fue excavado por la arqueóloga Primitiva Bueno Ramírez, de la Universidad de Alcalá de Henares, referencia ineludible en el estudio del megalítico extremeño, y entre los hallazgos destacaron fragmentos de cerámica decorada que podrían apuntar a la existencia de un poblado próximo.

    Es quizás el menos espectacular de los tres que visito, pero tiene algo que llama la atención: la precisión con que están colocadas las piedras, incluso en su estado actual de conservación parcial. Nada está puesto al azar. Cada ortostato ocupa exactamente el lugar que le correspondía en la estructura original.

Cajirón II

    A unos trescientos metros del anterior, formando lo que los arqueólogos denominan una necrópolis de dos sepulcros. En la restauración llevada a cabo en los años noventa por Enríquez y Carrasco se recuperaron la cámara, el corredor y el atrio, y se reconstituya parte del túmulo original formado por piedras de contorno.

    Está en mejor estado que el Cajirón I y resulta más fácil de leer como estructura arquitectónica. Ver los dos juntos, separados apenas por unos minutos de camino, ayuda a entender que estos monumentos no son construcciones aisladas sino parte de un paisaje funerario y simbólico planificado. Un territorio organizado en torno a la memoria de los muertos.

El Dólmen del Mellizo: el mejor conservado de la ruta

    El punto culminante del recorrido. Para llegar hay que volver a la furgo, desplazarse al punto 5 de la ruta y continuar a pie por un sendero que sube suavemente hacia un otero. Vale cada paso.

    El Dólmen del Mellizo es conocido también como Anta de la Marquesa, Aceña Borrega o Data III, según la fuente que se consulte, lo que da idea de los distintos contextos en que ha sido estudiado y catalogado a lo largo del tiempo. Fue la arqueóloga Primitiva Bueno Ramírez quien lo excavó en 1985, aunque ya había sido expoliado con anterioridad. A pesar del expolio, se recuperaron restos del ajuar funerario que hoy se conservan en el Museo de Cáceres: puntas de flecha, lascas de sílex y fragmentos de cerámica.

    La estructura es excepcional por varios motivos. Ocho ortostatos de granito conforman una cámara de planta oval de unos tres metros por tres metros y medio, con dos metros y medio de altura. El corredor es corto, con restos de ortostatos y un umbral elevado que comunica con la cámara. Y sobre todo esto, algo que muy pocos dólmenes del conjunto conservan: la gran losa horizontal de cubierta, todavía en su sitio, todavía cumpliendo la función para la que fue colocada hace más de cinco mil años.

    Su orientación hacia el sol naciente en torno al 1 de noviembre ha generado interpretaciones sobre un posible simbolismo astronómico relacionado con el ciclo agrícola o con rituales de tránsito. Nada está confirmado, pero la hipótesis encaja con lo que conocemos de otras culturas megalíticas del arco atlántico europeo.

    Desde el otero donde se asienta, con la silueta del batolito granítico de la Sierra de Jola al fondo y la dehesa extendiéndose en todas las direcciones, es fácil entender por qué eligieron exactamente este punto. Y es imposible no pensar, aunque solo sea un momento, en las personas que lo construyeron: qué herramientas usaron, cuánto tiempo tardaron, qué significaba para ellos este lugar.

Lo que quedó pendiente: Data I y Data II

    Los dólmenes Data I y Data II, situados juntos a menos de cien metros el uno del otro, quedaron fuera del recorrido por una razón completamente prosaica: el calor de Extremadura a mediodía en verano no es negociable. Con el terreno sin apenas sombra y las horas centrales del día encima, la decisión de no continuar fue fácil.

    Quedan pendientes para una segunda visita, que ya está mentalmente agendada. El Data I está considerado uno de los mejor conservados del conjunto, con la cubierta completa y el corredor en buen estado. El Data II, a escasos metros, tiene la particularidad de conservar un grabado antropomorfo en uno de sus ortostatos posteriores: una figura de un metro de alto por cincuenta centímetros de ancho que representa, según la interpretación más aceptada, un personaje con túnica.

    Consejo práctico: si visitáis esta ruta en verano, salid antes de las nueve de la mañana. El terreno tiene poca sombra y el calor se hace insoportable a partir de las once. Llevar agua abundante es imprescindible, no opcional.

Información práctica para autocaravanistas

Acceso con vehículo grande

    Las pistas que dan acceso a la Ruta 5 son caminos agrícolas de tierra apisonada, anchos y sin grandes desniveles, perfectamente transitables con una autocaravana o furgo de tamaño medio. No hay barreras ni limitaciones de altura en el acceso desde la pedаñía. El punto 8, donde se recomienda dejar el vehículo, tiene espacio suficiente para aparcar sin problemas.

Área de autocaravanas en Valencia de Alcántara

    La base más cómoda para hacer esta ruta en autocaravana es el área oficial de Valencia de Alcántara, situada junto a la Plaza de Toros, frente a la N-521. Siete plazas de 7,40 x 3,10 metros, suministro de agua potable, vaciado de aguas grises, admisión de animales, pernocta autorizada con un máximo de 48 horas. Gratuita y señalizada. Algo de ruido de tráfico por la proximidad a la nacional, y en días de fiesta puede haber coches aparcados que no son autocaravanas. En general bien valorada.

    Desde el área hasta la pedаñía de la Aceña de la Borrega hay unos siete kilómetros por carretera, menos de diez minutos. Se puede llegar con la propia autocaravana sin ningún problema y dejarla en el punto de inicio de la ruta.

    Recuerda verificar disponibilidad y estado actualizado en Park4Night y Campercontact antes de llegar.

La ruta a pie: lo que hay que saber

    La Ruta sin apenas desnivel, puede recorrerse en unas dos horas a paso tranquilo si se visitan todos los dólmenes. El terreno es cómodo pero irregular en algunos tramos, con piedras sueltas. Calzado cómodo es suficiente; no hace falta equipamiento de montaña. Los senderos de acceso a cada dólmen están bien marcados con carteles informativos que incluyen datos sobre cada monumento.

    Imprescindible: agua en cantidad, protección solar, y salir temprano si se visita entre mayo y septiembre. El paisaje no ofrece sombra natural y el calor se concentra en los berrocales de granito.

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