Trevejo: Piedra, Memoria y Tradición Viva


    Hay lugares que no necesitan inventarse nada. Su historia, su piedra y su gente lo cuentan todo. Trevejo, aldea medieval enclavada en la comarca cacereña de la Sierra de Gata, es uno de esos lugares. Un puñado de casas de granito oscuro encaramadas sobre un promontorio rocoso, con las ruinas de su castillo vigilando el horizonte y un silencio que sabe a siglos.

Pero Trevejo no es solo patrimonio arquitectónico. Es un pueblo vivo, que cada 14 de marzo se viste de fiesta para celebrar La Tinajá y El Barru, una jornada en la que la tradición, el juego ancestral y la mitología popular se dan la mano en las mismas calles que lleva transitando la gente desde la Edad Media.

Este es el relato de lo que vivimos allí.



🏰 Trevejo: un pueblo que el tiempo quiso conservar

    Trevejo pertenece hoy al municipio de Villamiel, del que dista apenas tres kilómetros, pero su carácter es absolutamente propio. Declarado Bien de Interés Cultural y, desde 2024, miembro de la asociación Los Pueblos Más Bonitos de España, este pequeño núcleo de apenas una veintena de habitantes ha sabido preservar una esencia que otros pueblos han perdido para siempre.

    Su origen se remonta, al menos, al siglo XII, cuando los musulmanes levantaron una fortaleza defensiva en este estratégico enclave desde el que se domina toda la comarca y las sierras de Garduño, Albilla, San Pedro y Cachaza. Tras la Reconquista, la zona pasó a la Orden de los Hospitalarios, que dejó su impronta en el castillo del siglo XV que hoy contemplamos en ruinas, pero que aún transmite una poderosa imagen de lo que fue.

    En Trevejo no hay asfalto. Las calles están empedradas con la misma piedra oscura que forma las paredes de las casas, creando esa sensación de que el pueblo ha crecido desde dentro de la propia roca.    La pequeña iglesia de San Juan Bautista, con sus tumbas antropomórficas excavadas directamente en la roca granítica, es uno de los elementos más singulares y antiguos del conjunto.

Llegar a Trevejo es, sencillamente, viajar en el tiempo.



🎳 El Juego de las Bolas: tradición transmitida de boca en boca

    Entre todas las actividades que conforman la tradición, hay una que resulta especialmente fascinante desde una perspectiva cultural: el Juego de las Bolas. No porque sea espectacular en su forma, sino porque encierra algo rarísimo en nuestros tiempos: sus reglas nunca han sido escritas.

    Se trata de un juego ancestral, transmitido de generación en generación de forma oral, de vecino a vecino, de abuelo a nieto. No existe ningún documento que recoja sus normas. Vive exclusivamente en la memoria colectiva del pueblo. En una época en la que todo se codifica, se digitaliza y se archiva, este juego es un recordatorio de que durante siglos la cultura se sostuvo sobre la palabra y la confianza.

¿Cuántos juegos como este habrán desaparecido porque nadie los aprendió a tiempo?



🌿 El Barru: cuando lo ancestral camina entre nosotros

    Si hay un momento cumbre en la celebración de las tradiciones, ese es, sin duda, la aparición del Barru en la fiesta de La Tinajá y El Barru. Un ser mítico, ancestral, que según la tradición surge de la Sierra de Gata cada 14 de marzo y baja al pueblo para recorrer sus calles.

    El Barru está cubierto de barro. Su figura evoca algo primigenio, algo que viene de la tierra misma. No es una figura amenazante: todo lo contrario. Irradia paz y calma. Su presencia es serena, casi sagrada. Y su don es la sanación: impone las manos untadas de barro sobre quienes se acercan a él, en un gesto que remite a rituales curativos tan antiguos como la humanidad misma.

    La ceremonia comienza cuando los Barrujines y las Barrujinas —los portadores de la tradición— salen en procesión calle abajo, precedidos por el sonido del tamboril y su flauta. Al llegar a la casa del Barru, el pueblo al completo le dedica sus vivas. Entonces sale, y juntos recorren el camino de vuelta hasta la plaza.

    El momento final llega cuando el Barru se desprende de su careta. Vecinos y visitantes descubren entonces la identidad de quien este año ha dado vida al ser ancestral. Un momento de revelación que cierra el círculo entre el mito y la comunidad.

    El Barru es mucho más que una performance. Es un acto de memoria colectiva, de arraigo al territorio y de celebración de lo que une a un pueblo con su tierra.





🎊 La Tinajá y El Barru: una jornada completa de cultura viva

    La Tinajá y El Barru es una jornada diseñada para que el visitante se sumerja de lleno en la vida y la cultura del pueblo, desde primera hora de la mañana hasta bien entrada la tarde.

    La jornada arranca con una ruta senderista que abre los actos del día.

    La plaza acoge una animada oferta de talleres simultáneos: clases de jota para quien quiera aprender a bailar, un mercadillo de artesanía local y otras actividades como la elaboración de objetos de barro.

    La jornada continúa por la tarde con actuaciones de grupos de folklore y una actuación musical que cierra la fiesta.

    En definitiva, La Tinajá y El Barru es un modelo de cómo una comunidad pequeña puede convertir su patrimonio inmaterial en una experiencia auténtica y emocionante para propios y extraños.



🥾 Las rutas de senderismo: entre molinos y naturaleza

    Si Trevejo enamora por su historia y su carácter, el entorno natural que lo rodea no se queda atrás. La Sierra de Gata ofrece un paisaje de monte plagado de robles, surcado por ríos y arroyos que invitan a calzarse las botas y ponerse a caminar.

    Para los que quieran explorar más a fondo, la zona ofrece diversas opciones de recorrido, siendo especialmente recomendable la ruta circular de aproximadamente 10 kilómetros que lleva hasta los molinos.


La ruta de los molinos (~10 km circular)

    Esta ruta circular de unos 10 kilómetros es una de las joyas senderistas de la zona. A lo largo del recorrido, el caminante se encuentra con cuatro molinos que hablan de la historia productiva de este territorio: dos de ellos han sido restaurados y reconvertidos en establecimientos de hostelería, donde es posible hacer una parada y reponer fuerzas con productos de la zona; los otros dos permanecen en ruina total, pero su sola presencia en el paisaje es de una belleza melancólica difícil de describir.

    La ruta combina tramos de ribera con subidas al monte, ofreciendo una variedad de paisajes que hacen que cada kilómetro tenga su propia personalidad. Apta para senderistas de nivel medio, es una experiencia muy recomendable en cualquier época del año, aunque la primavera, con el monte en flor, tiene algo especial.


✨ Una visita que merece la pena

    Trevejo, la Sierra de Gata y la celebración de La Tinajá conforman una experiencia que va mucho más allá del turismo convencional. Aquí no se viene a ver un monumento y hacer la foto. Se viene a participar, a escuchar, a caminar, a aprender un juego que solo existe en la memoria de sus vecinos y a ser ungido por un ser de barro que lleva siglos sanando a su pueblo.

Si tienes oportunidad, marca el próximo 14 de marzo en tu calendario. No te arrepentirás.

Si quieres ver el resumen de la jornada, aquí te dejo el enlace al vídeo.

🌿 vídeo exclusivo del Barru, el Juego de las Bolas y la ruta completa de los molinos.


Trevejo · Sierra de Gata · Cáceres · Extremadura · La Tinajá · El Barru · Juego de las Bolas · Folklore · Tradición · Senderismo · Molinos · Turismo rural · Patrimonio inmaterial · Pueblos más bonitos de España

Puentes de Chulilla: Ruta de los Calderones o de los Pantaneros

 


    Hay rutas que llevan tiempo en la lista de pendientes. Los Puentes de Chulilla era una de ellas. Buen tiempo, fin de semana libre y mochila preparada: no había más excusas.

    La ruta de los Calderones, también conocida como la ruta de los Pantaneros, discurre por el fondo del cañón que el río Turia ha tallado durante millones de años a su paso por Chulilla, un pequeño municipio de la comarca del Camp de Túria, en Valencia.
El resultado es un paisaje de paredes verticales de roca caliza, agua encajonada entre piedra y una serie de puentes colgantes que cruzan el río en los puntos más espectaculares del recorrido.

El Cañón del Turia: Un Paisaje Esculpido por el Tiempo

    Desde el aparcamiento, la ruta arranca con un cartel que ya avanza lo que viene. Los primeros metros son tranquilos, con el camino entre vegetación y flores silvestres, y los farallones del cañón asomando al fondo como una promesa. Antes de llegar al río propiamente dicho, aparece una cascada lateral: no es el Turia, sino un arroyo afluente que aporta su caudal. Un detalle menor en el mapa, pero bonito de encontrar al inicio.

En temporada alta, el acceso tiene un coste de un euro, destinado al mantenimiento del entorno. Una cifra razonable para conservar un espacio así. Fuera de temporada, el puesto está vacío y las sillas tiradas por el suelo. La naturaleza, mientras tanto, sigue a lo suyo.

Los Puentes Colgantes: Suspendidos sobre el Río

    El primer puente colgante se ve desde arriba antes de llegar a él. Parece pequeño, casi de juguete, visto desde el camino. Para llegar hay que bajar unas escaleras de piedra con barandillas de madera, con una pendiente que pide respeto y no invita a las prisas.

    Y entonces lo pisas. El suelo se mueve. Un balanceo suave y constante que recuerda, en cada paso, que estás suspendido sobre el vacío. Bajo los pies, el Turia encajonado entre paredes de piedra. El agua ruge. Y uno, ahí en medio, se siente ridículamente pequeño de la mejor manera posible.

    El segundo puente llega poco después, precedido por una escalinata metálica. Mismo esquema: cruzas, el río abajo, los farallones a ambos lados. Esta ruta tiene el don de hacerte sentir que caminas por sitios que no deberían ser transitables, y que sin embargo lo son.



La Ermita, la Escalada y el Camino que No Lleva a Ninguna Parte

    Un cartel señala los restos de una ermita. Lo que queda es un rectángulo acotado por una barandilla de madera, con piedras y vegetación dentro. La historia en su estado más honesto: lo que fue, reducido a contorno. Aun así, alguien se tomó la molestia de señalarlo.

    Más adelante, justo bajo la pared vertical, se ven restos de vía ferrata y anclajes en la roca. Los escaladores eligen bien sus lugares. Hay algo muy antiguo en esas paredes que invita a escalarlas.

    En un cruce, un puente de madera a la izquierda invita a desviarse. Lo cruzo. El sendero se estrecha más de lo normal, solo un hilo donde cabe una persona con su equipo de escalada. Seguro que son ellos quienes lo han abierto. Paro a dar un trago de agua, doy media vuelta y sigo el camino bueno.



Los Pantaneros: La Historia Detrás del Nombre

    El punto final de mi recorrido es uno de los más interesantes de la ruta. Hasta aquí llegaban los pantaneros: los obreros que construyeron la presa de Chulilla a principios del siglo XX, subiendo con sus burros cargados de materiales por este mismo camino. Hoy, una serie de escalones retienen el agua del Turia para que no coja demasiada velocidad antes de la presa. La mano humana sobre el río, en su versión más austera y funcional.

La ruta continúa desde aquí hasta la presa, y merece la pena completarla. Yo iba mal de tiempo y tuve que dar la vuelta. Una excusa perfecta para volver.

El Vídeo de la Ruta

    He documentado la ruta completa en vídeo, desde el aparcamiento hasta los escalones de los pantaneros, con los dos puentes colgantes, los farallones del cañón y algún que otro desvío equivocado.

🎬 ¿Te gusta Chulilla? Tengo más vídeos sobre este rincón de Valencia:

▶ Ver lista de reproducción completa: Chulilla y el Cañón del Turia

Información Práctica para Visitantes

📍 Dónde: Chulilla, Valencia. Comarca del Camp de Túria.
📏 Distancia: ~8 km ida y vuelta (hasta los escalones de los pantaneros).
⛰️ Dificultad: Baja-Media. Escaleras con pendiente fuerte en algunos tramos.
🅿️ Aparcamiento: Gratuito en el inicio de la ruta.
💶 Acceso: 1€ en temporada alta, destinado al mantenimiento del entorno.

Mejor época para visitar: Todo el año. En primavera y otoño las temperaturas son ideales. En verano, salir temprano para evitar el calor y la mayor afluencia de visitantes.

Qué llevar:

  • Calzado de senderismo con buena suela (escaleras húmedas y resbaladizas).
  • Agua suficiente. No hay fuentes en el recorrido.
  • Algo de comida para reponer energía. Yo llevo pan de higo casero: higos secos, nueces, avellanas y miel, bien prensados en barritas. Ligero, nutritivo y sin envoltorios innecesarios.
  • Ropa de abrigo en invierno. El fondo del cañón da poca luz solar.

Duración aproximada: 2,5 - 3,5 horas ida y vuelta hasta los escalones. Más si se llega hasta la presa.

Reflexión Final: Un Cañón que No Defrauda

Los Puentes de Chulilla es una de esas rutas que justifican el madrugón. No por su dificultad ni por su longitud, sino por lo que ofrece en cada tramo: el balanceo sobre el río, el silencio interrumpido solo por el agua, la historia de los obreros que subían por aquí con sus burros cargados.

Es una ruta muy transitada con buen tiempo, y con razón. Pero tiene la virtud de que, aunque vayas acompañado de otra gente, el cañón es suficientemente grande como para que nunca te sientas en una autopista.

La presa queda pendiente. Volveré.


📖

¿Has hecho esta ruta? ¿Llegaste hasta la presa o te quedaste a medias como yo? Déjame tu opinión en los comentarios.

Si te ha gustado esta entrada, compártela. Y si quieres ver más rutas por la Comunidad Valenciana, suscríbete al canal.

Puerto de Catarroja: Tradición Viva en la Albufera de Valencia

    Después de visitar el Puerto de Silla y encontrarme con la melancolía del abandono, mi llegada al Puerto de Catarroja fue como un soplo de aire fresco. Aquí, la historia no es un recuerdo nostálgico sino una realidad palpable, viva, que late en cada barca que zarpa, en cada labrador que recorre los campos, en cada plato de allipebre que se sirve en sus restaurantes.

    El Puerto de Catarroja es la prueba de que es posible mantener las tradiciones ancestrales sin convertirlas en un museo, de que el patrimonio puede ser funcional y sostenible. Y eso fue exactamente lo que encontré ayer: un puerto que respira, que trabaja, que celebra su identidad cada día.

El Despertar del Puerto: Tradición en Movimiento

    La primera imagen que me recibió en Catarroja resume perfectamente este lugar: un labrador montado en su carro tirado por caballos, recorriendo los campos de arroz para iniciar o concluir su jornada. No era una recreación para turistas, no era un espectáculo: era simplemente un martes cualquiera en el Puerto de Catarroja.

    Esta escena, que podría parecer sacada de otra época, es el día a día de una zona donde las formas tradicionales de trabajar la tierra no solo se conservan, sino que siguen siendo la manera más eficiente y respetuosa de relacionarse con el entorno.

Casi 2000 Años de Historia Portuaria

    El Puerto de Catarroja tiene sus raíces en la época romana, hace casi dos milenios. Sin embargo, el puerto que conocemos hoy se consolidó en el siglo XVI, cuando el cultivo del arroz experimentó un auge sin precedentes y las necesidades de la población aumentaron exponencialmente.

Aquel puerto originario, situado al final de la acequia de la Rambleta, desapareció para dar paso a una infraestructura más ambiciosa que pudiera gestionar el creciente volumen de actividad comercial y agrícola. Y desde entonces, Catarroja se convirtió en el puerto de referencia de toda la Albufera.

El Pantalán: Orden y Actividad

    Caminando por el pantalán, la diferencia con otros puertos es inmediatamente evidente. Aquí todo está organizado, cuidado, funcional. Las barcas tradicionales esperan perfectamente amarradas, bien mantenidas, listas para zarpar en cualquier momento.

Durante mi paseo, pude ver a un pescador regresando al puerto, sus redes recogidas, su jornada cumplida. Es una imagen cotidiana que aquí no sorprende a nadie, pero que a mí, viniendo del abandono de Silla, me resultó reconfortante: esto está vivo.

El Oficio del Calafat: Maestros de las Barcas

    Catarroja es históricamente el puerto donde se practicaba el oficio de calafat, los maestros constructores de las embarcaciones tradicionales de la Albufera. Durante siglos, en estos astilleros se construyeron diferentes tipos de barcas: la barca, el barquet, el barquetot, el marimatxo y el ravatxol.

    El ravatxol, en particular, merece mención especial. Esta embarcación fue la que atravesaba el lago haciendo el recorrido entre Catarroja, el Palmar y el Perelló desde finales del siglo XIX hasta mediados del siglo XX, transportando personas y mercancías cuando el agua era la única vía de comunicación real.

    Hoy, el oficio del calafat se mantiene vivo en estos astilleros, donde las barcas son restauradas y mantenidas con los mismos métodos tradicionales, aunque con algunas adaptaciones modernas que facilitan el trabajo sin traicionar la esencia del oficio.

La Cofradía de Pescadores y la Gastronomía del Puerto

    Al llegar a las instalaciones de la Cofradía de Pescadores, me encuentro con edificios perfectamente conservados que albergan no solo las dependencias de los pescadores, sino también dos restaurantes emblemáticos: "La Primitiva" y "Casa Baina".

    Estos establecimientos son mucho más que simples restaurantes turísticos. Son guardianes de la gastronomía tradicional de la Albufera, y en especial del allipebre, ese guiso de anguilas que es patrimonio culinario valenciano.

    Catarroja no se limita a servir allipebre: ostenta con orgullo la marca registrada "Bressol de l'Allipebre" (Cuna del Allipebre). Cada septiembre, desde hace más de 45 años, el puerto celebra un concurso internacional que reúne a más de 150 concursantes compitiendo por preparar el mejor allipebre.

    No es solo un evento gastronómico, es una afirmación de identidad, una celebración de lo propio que atrae visitantes de todo el mundo pero que, sobre todo, mantiene vivo el orgullo local.

Los Astilleros: Donde Renacen las Barcas

    En tierra firme, los astilleros del Puerto de Catarroja son un espectáculo de actividad y cuidado. Aquí pude ver barcas en diferentes estados: algunas esperando su turno para ser restauradas, otras en pleno proceso de mantenimiento.

    La grúa —o pluma, como se le llama localmente— está lista para botar las embarcaciones al agua una vez completados los trabajos.

    Y lo más revelador: varios pescadores trabajando activamente en el mantenimiento de su barca, aplicando la pintura protectora que garantizará varios años más de navegación.

    Esto es lo que marca la diferencia entre un puerto abandonado y uno vivo: la continuidad del trabajo, el cuidado constante, el respeto por las herramientas que dan de comer a las familias.


Turismo Sostenible: Compartir sin Destruir

    Una de las grandes fortalezas del Puerto de Catarroja es su capacidad para integrar el turismo sin que este devore la actividad tradicional. Durante mi visita, pude ver una barca repleta de turistas recorriendo los canales de la Albufera, mientras en tierra otros visitantes disfrutaban del paisaje a lomos de caballos.

Pero esto no interfiere con la pesca, ni con el cultivo del arroz, ni con la vida cotidiana del puerto. El turismo aquí es una capa adicional que aporta recursos económicos sin sustituir ni desplazar las actividades tradicionales.

    Es un equilibrio delicado que requiere planificación, respeto y límites claros. Catarroja parece haber encontrado esa fórmula, algo que muchos destinos turísticos en España y Europa no han logrado.


Catarroja: El Mayor Productor de Arroz DO Valencia

    Más allá del puerto, Catarroja mantiene su posición como el mayor productor de arroz con Denominación de Origen Valencia. Los campos que rodean el puerto no son decorativos: son el motor económico de la zona, trabajados con métodos que combinan sabiduría ancestral y técnicas modernas sostenibles.

    El arroz de Catarroja no es un producto cualquiera, es un emblema de calidad reconocido internacionalmente, fruto de siglos de conocimiento sobre el suelo, el agua y el clima de la Albufera.

Un Entorno Cuidado para Disfrutar

    Todo el entorno del Puerto de Catarroja está pensado para ser disfrutado. Los paseos están adaptados para caminar cómodamente, las instalaciones están en buen estado, las barcas se mantienen con esmero, los accesos están bien señalizados.

    No se trata de una gentrificación turística que borra la identidad local, sino de un cuidado genuino que permite a visitantes y residentes compartir el espacio de manera armoniosa.

    Caminando por estos paseos, con las barcas a un lado y los campos de arroz al otro, es fácil entender por qué la Albufera ha sido fuente de inspiración artística durante siglos.

La Lección de Catarroja: La Tradición Puede Ser Rentable


    Si el Puerto de Silla me dejó una sensación de melancolía por lo perdido, el Puerto de Catarroja me ofrece una lección de esperanza: es posible mantener vivo el patrimonio, es posible que las tradiciones sean rentables, es posible integrar turismo sin destruir la identidad.

¿Qué hace diferente a Catarroja? Varios factores:

  • Inversión continua en mantenimiento de infraestructuras
  • Orgullo local que se traduce en cuidado y participación comunitaria
  • Turismo planificado que complementa en lugar de sustituir
  • Productos con valor añadido: arroz DO, allipebre, gastronomía de calidad
  • Continuidad generacional en los oficios tradicionales

    No es magia, es trabajo, planificación y, sobre todo, la convicción de que lo propio vale la pena.

Reflexión Final: Cuando la Historia Sigue Viva

    Recorrer el Puerto de Catarroja es reconfortante porque demuestra que no todo está perdido, que no todos los espacios históricos están condenados al abandono o a la museificación.

    Aquí, la historia no se lamenta, se vive. Los pescadores siguen pescando, los labradores siguen cultivando arroz, los calafats siguen construyendo y reparando barcas, los restaurantes siguen cocinando allipebre según recetas centenarias, y los turistas pueden disfrutar de todo ello sin convertirlo en un parque temático.

    Catarroja es la prueba de que el patrimonio cultural no es incompatible con la viabilidad económica, de que tradición y modernidad pueden convivir sin anularse mutuamente.

    Es un modelo que otros puertos y espacios patrimoniales deberían estudiar, un ejemplo de que cuando existe voluntad, recursos y planificación, las cosas pueden funcionar.

    El Puerto de Catarroja no solo conserva su historia: la celebra, la vive y la comparte. Y eso, en los tiempos que corren, es casi un milagro. Un milagro posible.


Información Práctica para Visitantes

Cómo llegar:

  • Desde Valencia: CV-500 dirección Catarroja
  • Aparcamiento gratuito disponible en el puerto
  • A unos 10 km del centro de Valencia
  • Acceso en autobús: Líneas metropolitanas desde Valencia

Mejor época para visitar:

  • Todo el año (puerto activo constantemente)
  • Septiembre: Concurs d'Allipebre (imprescindible para foodies)
  • Primavera y otoño: temperaturas ideales
  • Invierno: perelloná (campos inundados)

Qué hacer:

  • Paseo en barca tradicional por los canales (aprox. 10-15€)
  • Paseo a caballo por los alrededores
  • Comer allipebre auténtico en los restaurantes del puerto
  • Recorrer el pantalán y los astilleros
  • Observación de aves en los arrozales
  • Fotografía de paisaje y actividades tradicionales

Dónde comer:

  • Casa Baina: Especialidad en allipebre y cocina tradicional
  • La Primitiva: Arroces y pescado de la Albufera
  • Reserva con antelación los fines de semana

Duración recomendada de la visita: 2-3 horas (incluyendo comida o paseo en barca)

Consejos prácticos:

  • Calzado cómodo para caminar
  • Protección solar en verano
  • Cámara fotográfica (el entorno es muy fotogénico)
  • Lleva efectivo (algunos servicios no aceptan tarjeta)
  • Pregunta en el puerto por los horarios de los paseos en barca

Vídeo del Puerto de Catarroja

Puerto de Catarroja - Tradición viva en la Albufera de València

    He documentado mi visita completa al Puerto de Catarroja mostrando la actividad del puerto, los oficios tradicionales, la gastronomía y el equilibrio entre tradición y turismo sostenible.


Comparativa: Puerto de Silla vs Puerto de Catarroja

    Si has leído mi artículo sobre el Puerto de Silla, habrás notado el contraste dramático entre ambos lugares:

Puerto de Silla:

  • Abandono evidente
  • Escasa actividad
  • Infraestructuras deterioradas
  • Sensación de melancolía
  • Patrimonio en riesgo

Puerto de Catarroja:

  • Actividad constante
  • Infraestructuras bien mantenidas
  • Turismo sostenible integrado
  • Orgullo local palpable
  • Tradiciones vivas y rentables

    Ambos tienen una historia similar, ambos son patrimonio de la Albufera, pero sus destinos han sido radicalmente diferentes. La pregunta es: ¿qué podemos aprender de Catarroja para rescatar lugares como Silla?


    ¿Has visitado el Puerto de Catarroja? ¿Qué te pareció? ¿Prefieres este puerto vivo o lugares más melancólicos como Silla? Déjame tu opinión en los comentarios.

    Si te ha gustado este artículo, compártelo en tus redes sociales para dar visibilidad a este ejemplo de turismo sostenible y conservación del patrimonio.


Vídeo Relacionado

Lo más visitado