Hay pueblos que sorprenden desde el primer momento en que pones un pie en su plaza mayor. San Clemente es uno de ellos. Situada en el sur de la provincia de Cuenca, en plena Mancha Conquense, esta villa acumula siglos de historia entre sus calles adoquinadas, sus palacios renacentistas y sus iglesias y conventos que recuerdan tiempos de esplendor. No en vano, sus apodos lo dicen todo: Joya del Renacimiento y Pequeña Corte de La Mancha.
Un poco de historia
Los primeros vestigios de asentamiento humano en este territorio se remontan a la Edad del Bronce, aunque fue durante la época romana cuando la zona cobró importancia estratégica, como atestigua el puente sobre el río Rus, el mejor conservado de toda la provincia de Cuenca. Tras la reconquista cristiana, Alfonso VIII concedió el privilegio de posesión de la aldea de Rus en 1211, y en 1445 Juan Pacheco, Maestre de Santiago, otorgó a San Clemente el título de villa.Fue el apoyo a los Reyes Católicos lo que marcó el gran salto de la villa: la incorporación a la Corona de Castilla y la concesión de un mercado franco dieron inicio a una época de crecimiento urbano y económico que dejó como herencia los edificios más representativos que hoy podemos visitar. Palacios, conventos, iglesias y casas blasonadas que hablan de una villa que en su momento de mayor esplendor atrajo a nobles, hidalgos, religiosos y comerciantes de toda la región.
El Ayuntamiento y la Fundación Antonio Pérez
Mi visita empezó en la Plaza Mayor, donde el antiguo ayuntamiento renacentista del siglo XVI preside uno de los conjuntos urbanísticos más elegantes de Castilla-La Mancha. El edificio, declarado Bien de Interés Cultural, alberga hoy la oficina de turismo y el Museo de Obra Gráfica, una de las sedes de la Fundación Antonio Pérez.Antonio Pérez fue un artista, editor y coleccionista nacido en Sigüenza en 1934 y fallecido en diciembre de 2024. Llegó a Cuenca a finales de los años cincuenta, en una época en que la ciudad vivía una explosión artística de la mano de figuras como Gustavo Torner, Fernando Zóbel o Antonio Saura. Durante décadas reunió una colección de más de cinco mil obras que en 1998 donó a la Diputación Provincial de Cuenca, dando origen a la Fundación que lleva su nombre.
La sede de San Clemente, inaugurada en 2006, está dedicada íntegramente a la obra gráfica y es uno de los pocos museos de España especializados en este formato. Grabados de Saura, Tàpies, Millares, Zóbel o Canogar conviven en las salas de este edificio del siglo XVI con exposiciones temporales que renuevan periódicamente la oferta. La entrada es gratuita.En el patio interior me recibió la escultura Cupito... ¿Y por qué no? del artista Carlos Pazo, una pieza que resume bien el espíritu de la fundación: el arte contemporáneo instalado con naturalidad en un edificio histórico, sin estridencias.
La Iglesia de Santiago Apóstol
Justo enfrente del museo de obra gráfica y la oficina de turismo se alza la Iglesia de Santiago Apóstol, el otro gran Bien de Interés Cultural de San Clemente. Su construcción arrancó en el siglo XVI con un estilo que mezcla el gótico tardío con el renacimiento, y el resultado es un templo que desde fuera ya impresiona por la monumentalidad de su portada, un gran arco triunfal de medio punto que enmarca la entrada principal. En el interior, las bóvedas de crucería, el retablo mayor y las capillas laterales hablan del peso económico y espiritual que tuvo esta villa en su época de máximo esplendor. Me detuve especialmente ante la cruz de alabastro, una pieza de una delicadeza extraordinaria: la luz que la atraviesa la convierte en algo casi etéreo, difícil de describir y fácil de recordar. Antes de salir, rodeé el edificio para ver la portada sur, otro ejemplo de la riqueza decorativa de este templo que merece ser visto desde todos los ángulos.El Arco y los soportales
Un arco une la iglesia con el ayuntamiento. Se le conoce popularmente como el Arco Romano, aunque en realidad es barroco del siglo XVII. Un nombre equivocado que llevan con naturalidad los sanclementinos. Pasar por debajo de él y aparecer bajo los soportales del ayuntamiento histórico es uno de esos momentos que hacen que merezca la pena el viaje.El recorrido por la villa
San Clemente se disfruta mejor caminando sin un itinerario demasiado rígido, dejando que las calles te lleven de un edificio a otro. Mi visita coincidió con el horario de cierre de la mayoría de los monumentos, así que me tuve que conformar con las fachadas, que ya son un espectáculo en sí mismas.
El Pósito del siglo XVI, con su doble entrada en arco y el escudo de los Austrias entre pilastras, es uno de los edificios más rotundos de la plaza. La Casa de los Acacio, sencilla construcción del siglo XVII reconvertida en restaurante, invita a quedarse a comer. La Ermita de San Roque, protegida por una verja de hierro forjado, y la enigmática Casa de la Reina Mora, también conocida como Casa de la Tercia, son dos paradas imprescindibles en el recorrido. La antigua Iglesia de la Compañía de Jesús recuerda la expulsión de los jesuitas en 1767, uno de los episodios que marcaron la historia de la villa. Más adelante, la Torre Vieja, único edificio medieval que se conserva en San Clemente, construida en el siglo XV con uso militar y de vigilancia, alberga hoy el Museo Etnográfico de Labranza, con tres plantas de aperos, utensilios domésticos y herramientas del campo, y una panorámica desde lo alto que vale la subida. El Convento de los Padres Franciscanos, que llegó a tener su propio corral de comedias, y el Monasterio de las Clarisas, de clausura, completan un conjunto conventual extraordinario. La biblioteca pública y el mercado de abastos recuerdan que San Clemente es también una villa viva, con su ritmo cotidiano más allá del turismo. El Pasaje de los Arcos, galería comercial y residencial, y el Paseo del Arrabal, donde se encuentran el Convento de San José y Santa Ana y el Palacio de los Melgarejo, cierran el recorrido por el casco histórico antes de llegar al río.Los puentes y el río Rus
El colofón de la visita llegó a orillas del río Rus, donde conviven un puente medieval y el puente romano de tres arcos de sillería, el mejor conservado de toda la provincia de Cuenca. Verlos juntos, con el agua fluyendo por debajo y la llanura manchega extendiéndose alrededor, es una imagen que resume bien lo que es San Clemente: un lugar donde el tiempo se ha ido acumulando en capas, desde los romanos hasta hoy, sin borrar lo que vino antes.Información para autocaravanistas y viajeros
San Clemente es perfectamente accesible en autocaravana. La villa se encuentra en el cruce de las autopistas A-43 y AP-36, lo que la convierte en un punto de paso cómodo entre Madrid, Albacete y Valencia.
🅿️ Aparcamiento: Dispone de varias zonas de aparcamiento en las afueras del casco histórico donde es posible dejar el vehiculo sin dificultad. Consulta la señalización a la entrada del pueblo para encontrar el área más adecuada según el tamaño del vehículo.
🚿 Área de servicio: Verifica en aplicaciones como Park4Night o Campercontact la disponibilidad de áreas de servicio actualizadas, ya que la oferta puede variar.
🛒 Servicios: La villa cuenta con supermercados, gasolineras y restaurantes. El mercado de abastos es una buena opción para abastecerse de productos locales.
⏱️ Tiempo recomendado: Con una mañana tienes suficiente para ver lo esencial. Si quieres visitar el interior de los museos y la iglesia con calma, reserva el día completo. Los lunes suelen ser día de cierre en algunos museos, así que conviene consultarlo antes.
📍 Combinación recomendada: San Clemente está a menos de 50 kilómetros del Castillo de Belmonte, por lo que ambos destinos pueden formar parte de una misma ruta.
- Dirección: Carretera del Cementerio, 17, 16600 San Clemente, Cuenca.
- Coordenadas GPS: N 39º 23' 56'' / W 02º 26' 00''.
- Conectividad: Situada de forma estratégica a menos de 200 km de Madrid y Valencia. Cuenta con acceso directo desde la autovía A-43 (salida 149/155) y la autopista AP-36.
- Capacidad: Dispone de 10 a 12 plazas delimitadas sobre suelo llano y asfaltado.
- Servicios básicos: Punto ecológico gratuito para el vaciado de aguas grises y negras, además de toma de agua potable.
- Restricciones: El tiempo máximo permitido para la pernocta es de 72 horas. Está prohibido desplegar elementos de acampada (toldos, mesas o sillas fuera del vehículo).
- Entorno: Se encuentra iluminada por la noche y está ubicada en una zona tranquila a las afueras, a solo 200 metros de comercios locales, supermercados y restaurantes.
- Herramientas: Varios viajeros de plataformas como Campercontact sugieren llevar un alicate o llave de fontanero, ya que el grifo de llenado de agua a veces carece de maneta para evitar el vandalismo.
- Feria local: Durante las fiestas de la localidad (habitualmente a mediados de agosto), el área se reubica temporalmente al coincidir con el recinto ferial.
San Clemente es de esos lugares que no necesitan justificación. Si vas por la Mancha conquense o simplemente buscas un destino diferente al que se sale de los circuitos habituales, esta villa tiene suficiente para ocupar una jornada entera y dejarte con ganas de volver. El arte de la Fundación Antonio Pérez, la arquitectura de sus iglesias y palacios, y la tranquilidad de sus calles son más que razones suficientes para desviarse.
Pequeña Corte de La Mancha. El nombre le viene grande, pero la villa lo aguanta sin esfuerzo.
📺 Puedes ver el vídeo de esta visita en el canal Carretera y Monta en YouTube.











