Hay patrimonio que se visita y hay patrimonio que se experimenta. Los dólmenes de Valencia de Alcántara pertenecen claramente al segundo grupo. No están en un museo, no hay una valla que los separe del mundo, no hay un cartel que te diga dónde debes ponerte para hacerte la foto. Están en el campo, entre alcornoques y berrocales de granito, exactamente donde alguien los colocó hace más de cinco mil años. Y ahí siguen.
Esta es la última entrada de la serie sobre el viaje por la raya hispano-lusa, y también la que más cuesta cerrar. Los dólmenes de Valencia de Alcántara son uno de esos sitios que merecen más de una visita, más de una mañana, más de una ruta. Y, siendo honesto, más templanza con el calor de Extremadura en verano.
Un contexto que hay que conocer antes de llegar
El término municipal de Valencia de Alcántara es uno de los territorios con mayor concentración de monumentos megalíticos de Europa occidental. Se han catalogado 55 dólmenes, de los cuales 33 están construidos en granito y 8 en pizarra; otros 14 han desaparecido a lo largo de los siglos, destruidos o desmantelados para aprovechar la piedra en construcciones posteriores.
Todos ellos fueron levantados entre el cuarto y el tercer milenio antes de Cristo, durante el Neolítico final y el Calcolítico, por comunidades sedentarias de agricultores y ganaderos que habían comenzado a establecerse de forma estable en esta región. Construyeron estos monumentos como lugares de enterramiento colectivo, pero también como marcadores territoriales y simbólicos: una manera de decir "aquí estábamos, aquí enterramos a los nuestros, este territorio era el nuestro". Una función que, vista desde hoy, sigue teniendo una lógica perfectamente comprensible.
Fueron declarados Bien de Interés Cultural en 1992 y forman parte de la candidatura española para la Lista de Patrimonio de la Humanidad de la UNESCO. La Diputación de Cáceres y el Ayuntamiento de Valencia de Alcántara han trazado cinco rutas distintas para organizarlos y hacerlos accesibles, cada una con su propio punto de partida y su propia lógica de recorrido.
La Ruta 5: la recomendación de quien sabe
En la oficina de turismo de Valencia de Alcántara, instalada en la antigua Iglesia de Santa Clara, la recomendación fue directa y sin ambages: la Ruta 5, que parte desde la pedаnía de la Aceña de la Borrega, es la que reúne los dólmenes mejor conservados y más accesibles del conjunto. Es la ruta más visitada, la mejor señalizada, y la que permite ver en un solo recorrido los monumentos más representativos.
El acceso es sencillo: desde Valencia de Alcántara se toma la N-521 en dirección a Portugal y, a unos dos kilómetros, se desvía por la CC-154 hasta llegar a la pedаñía de la Aceña de la Borrega. El paisaje durante el trayecto ya avisa de lo que viene: berrocales de granito, alcornoques, dehesa abierta. Un paisaje que tiene exactamente el mismo aspecto que tenía hace cinco mil años, más o menos.
La ruta está perfectamente señalizada con postes numérados. El consejo de la técnica de turismo: dejar el vehículo en el punto 8, junto al mirador de estrellas, y hacer el recorrido desde ahí en sentido contrario al marcado, comenzando por los Cajirón I y Carió II y terminando por el Mellizo. Así se llega al mejor conservado al final, cuando uno ya ha calibrado la escala y la importancia de lo que está viendo.
El Mirador del Berrocal de la Data: el aperitivo
A los pocos metros de dejar el vehículo y comenzar a caminar, aparece el Mirador del Berrocal de la Data: una estructura metálica con escaleras desde la que se domina visualmente todo el entorno. El berrocal granítico se extiende en todas las direcciones, con la Sierra de Jola al fondo y Portugal al otro lado de la línea invisible que divide los dos países.
Es un buen punto de partida no solo para orientarse, sino para entender la lógica del paisaje en el que están inscritos los dólmenes. Estas comunidades del Neolítico no eligieron los emplazamientos al azar: los otøeros, los puntos elevados, los lugares con conexión visual con otros puntos del territorio. El mirador, sin quererlo, ayuda a leerlo todo.
Los dólmenes Cajirón I y Cajirón II: una necrópolis de dos sepulcros
Cajirón I
El primer dólmen de la ruta, al que se accede por un sendero de unos ochenta metros bien señalizado a la derecha del camino principal. Cámara de tres metros de diámetro, corredor corto, siete ortostatos de granito hincados en el suelo. La cubierta no se conserva. Fue excavado por la arqueóloga Primitiva Bueno Ramírez, de la Universidad de Alcalá de Henares, referencia ineludible en el estudio del megalítico extremeño, y entre los hallazgos destacaron fragmentos de cerámica decorada que podrían apuntar a la existencia de un poblado próximo.
Es quizás el menos espectacular de los tres que visito, pero tiene algo que llama la atención: la precisión con que están colocadas las piedras, incluso en su estado actual de conservación parcial. Nada está puesto al azar. Cada ortostato ocupa exactamente el lugar que le correspondía en la estructura original.
Cajirón II
A unos trescientos metros del anterior, formando lo que los arqueólogos denominan una necrópolis de dos sepulcros. En la restauración llevada a cabo en los años noventa por Enríquez y Carrasco se recuperaron la cámara, el corredor y el atrio, y se reconstituya parte del túmulo original formado por piedras de contorno.
Está en mejor estado que el Cajirón I y resulta más fácil de leer como estructura arquitectónica. Ver los dos juntos, separados apenas por unos minutos de camino, ayuda a entender que estos monumentos no son construcciones aisladas sino parte de un paisaje funerario y simbólico planificado. Un territorio organizado en torno a la memoria de los muertos.
El Dólmen del Mellizo: el mejor conservado de la ruta
El punto culminante del recorrido. Para llegar hay que volver a la furgo, desplazarse al punto 5 de la ruta y continuar a pie por un sendero que sube suavemente hacia un otero. Vale cada paso.
El Dólmen del Mellizo es conocido también como Anta de la Marquesa, Aceña Borrega o Data III, según la fuente que se consulte, lo que da idea de los distintos contextos en que ha sido estudiado y catalogado a lo largo del tiempo. Fue la arqueóloga Primitiva Bueno Ramírez quien lo excavó en 1985, aunque ya había sido expoliado con anterioridad. A pesar del expolio, se recuperaron restos del ajuar funerario que hoy se conservan en el Museo de Cáceres: puntas de flecha, lascas de sílex y fragmentos de cerámica.
La estructura es excepcional por varios motivos. Ocho ortostatos de granito conforman una cámara de planta oval de unos tres metros por tres metros y medio, con dos metros y medio de altura. El corredor es corto, con restos de ortostatos y un umbral elevado que comunica con la cámara. Y sobre todo esto, algo que muy pocos dólmenes del conjunto conservan: la gran losa horizontal de cubierta, todavía en su sitio, todavía cumpliendo la función para la que fue colocada hace más de cinco mil años.
Su orientación hacia el sol naciente en torno al 1 de noviembre ha generado interpretaciones sobre un posible simbolismo astronómico relacionado con el ciclo agrícola o con rituales de tránsito. Nada está confirmado, pero la hipótesis encaja con lo que conocemos de otras culturas megalíticas del arco atlántico europeo.
Desde el otero donde se asienta, con la silueta del batolito granítico de la Sierra de Jola al fondo y la dehesa extendiéndose en todas las direcciones, es fácil entender por qué eligieron exactamente este punto. Y es imposible no pensar, aunque solo sea un momento, en las personas que lo construyeron: qué herramientas usaron, cuánto tiempo tardaron, qué significaba para ellos este lugar.
Lo que quedó pendiente: Data I y Data II
Los dólmenes Data I y Data II, situados juntos a menos de cien metros el uno del otro, quedaron fuera del recorrido por una razón completamente prosaica: el calor de Extremadura a mediodía en verano no es negociable. Con el terreno sin apenas sombra y las horas centrales del día encima, la decisión de no continuar fue fácil.
Quedan pendientes para una segunda visita, que ya está mentalmente agendada. El Data I está considerado uno de los mejor conservados del conjunto, con la cubierta completa y el corredor en buen estado. El Data II, a escasos metros, tiene la particularidad de conservar un grabado antropomorfo en uno de sus ortostatos posteriores: una figura de un metro de alto por cincuenta centímetros de ancho que representa, según la interpretación más aceptada, un personaje con túnica.
Consejo práctico: si visitáis esta ruta en verano, salid antes de las nueve de la mañana. El terreno tiene poca sombra y el calor se hace insoportable a partir de las once. Llevar agua abundante es imprescindible, no opcional.
Información práctica para autocaravanistas
Acceso con vehículo grande
Las pistas que dan acceso a la Ruta 5 son caminos agrícolas de tierra apisonada, anchos y sin grandes desniveles, perfectamente transitables con una autocaravana o furgo de tamaño medio. No hay barreras ni limitaciones de altura en el acceso desde la pedаñía. El punto 8, donde se recomienda dejar el vehículo, tiene espacio suficiente para aparcar sin problemas.
Área de autocaravanas en Valencia de Alcántara
La base más cómoda para hacer esta ruta en autocaravana es el área oficial de Valencia de Alcántara, situada junto a la Plaza de Toros, frente a la N-521. Siete plazas de 7,40 x 3,10 metros, suministro de agua potable, vaciado de aguas grises, admisión de animales, pernocta autorizada con un máximo de 48 horas. Gratuita y señalizada. Algo de ruido de tráfico por la proximidad a la nacional, y en días de fiesta puede haber coches aparcados que no son autocaravanas. En general bien valorada.
Desde el área hasta la pedаñía de la Aceña de la Borrega hay unos siete kilómetros por carretera, menos de diez minutos. Se puede llegar con la propia autocaravana sin ningún problema y dejarla en el punto de inicio de la ruta.
Recuerda verificar disponibilidad y estado actualizado en Park4Night y Campercontact antes de llegar.
La ruta a pie: lo que hay que saber
La Ruta sin apenas desnivel, puede recorrerse en unas dos horas a paso tranquilo si se visitan todos los dólmenes. El terreno es cómodo pero irregular en algunos tramos, con piedras sueltas. Calzado cómodo es suficiente; no hace falta equipamiento de montaña. Los senderos de acceso a cada dólmen están bien marcados con carteles informativos que incluyen datos sobre cada monumento.
Imprescindible: agua en cantidad, protección solar, y salir temprano si se visita entre mayo y septiembre. El paisaje no ofrece sombra natural y el calor se concentra en los berrocales de granito.
Serie completa: viaje por la raya hispano-lusa
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Cinco mil años entre berrocales. Hay patrimonio que se visita y hay patrimonio que te cambia la escala de las cosas. Este es del segundo tipo.


















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