El Cau d'Elx: Un museo al aire libre que el tiempo olvida

Gracias, Jero.

    Un día, charlando con mi amigo Jero —que es de una pedanía de Elche, en Alicante—, me habló de un lugar especial: un rincón donde un vecino llevaba años construyendo esculturas y mostrándolas al mundo, sin ánimo de lucro y sin ayudas gubernamentales. Como mi curiosidad es tan intensa, enseguida me interesé por el tema y quedé con él para que me lo enseñara.


La historia de Mariano Ros


    Mariano Ros era un zapatero de Elche, jubilado, aficionado a la montaña y con dotes para la escultura. En el año 2000 comenzó este proyecto que, dicho sea de paso, ocho años más tarde tuvo que abandonar por razones puramente burocráticas.


Un legado truncado

    Con la inestimable ayuda de tres amigos —Cándido, Vicente y Pere—, fueron tallando en las piedras figuras y monumentos representativos de la vida diaria de los ilicitanos: el pantano, el Palmeral, El Misteri, la iglesia de Santa María y, cómo no, la mismísima Dama de Elche.

    Mariano Ros murió en 2017 con 91 años. Nueve años antes, la burocracia española había paralizado su proyecto porque el lugar elegido era público. Lejos de tramitar algún tipo de solicitud o permiso administrativo que promoviera el proyecto para que siguiera adelante, su legado corre el riesgo de perderse para siempre.

¿Cómo llegar a El Cau?

    Desde Elche, hay que dirigirse a la pedanía "El Ferriol" por el camino de Monforte. Nada más pasar por debajo de la autovía A-70, dejaremos a la izquierda la urbanización Bonavista. En una explanada podemos dejar el coche y desde allí continuar a pie por un sendero de unos 600 metros.



El museo al aire libre

No hace falta describir con palabras la magnitud de las esculturas. Entra en el museo y disfruta...

A continuación, os dejo una colección de fotografías que tomé durante mi visita.

También he subido un vídeo a YouTube que documenta este lugar único.

    El Cau d'Elx es un testimonio de la pasión creativa de un hombre y sus amigos, pero también un recordatorio de cómo la burocracia puede sofocar las iniciativas culturales más genuinas.



















































































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