Carretera y Monta · Pequeños viajes para grandes recuerdos
Llerena era el destino final de un fin de semana que había empezado en Fuente del Arco, con la mina "La Jayona" y la ermita de la "Virgen del Ara", y que había pasado por Reina, con su Alcazaba y la ciudad romana de Regina de camino. Pero Llerena no es un sitio que se visite de paso. Es un sitio que te hace lamentar no haber reservado más tiempo.
Fue declarada Conjunto Histórico Artístico en 1966, la primera ciudad de Extremadura en recibir esa distinción. Fue sede de los Maestres de la Orden de Santiago. Fue capital del Tribunal de la Inquisición en el sur de Extremadura. Fue la ciudad donde Francisco de Zurbarán vivió más de una década y dejó obra repartida por sus iglesias y conventos. Y fue el lugar de nacimiento de Pedro Cieza de León y de Catalina Clara Ramírez de Guzmán, dos de las plumas más interesantes del Siglo de Oro español.
Con todo eso a sus espaldas, Llerena sigue siendo uno de esos lugares que no aparece en las listas. Lo cual, como ya hemos dicho otras veces, no dice nada sobre si merece la visita.
La oficina de turismo que está en un palacio
La primera parada es la oficina de turismo, como siempre. La de Llerena tiene la particularidad de estar instalada en el Palacio Episcopal, un edificio del siglo XV que fue residencia de los priores de la Orden de Santiago y primera sede del Tribunal de la Inquisición. El mismo edificio alberga el Museo Histórico Ciudad de Llerena.
Empezar la visita aquí tiene su lógica: en media hora uno entiende quién fue esta ciudad, qué papel jugó en la historia del suroeste peninsular y por qué cada calle tiene algo que contar. Con ese contexto, el paseo posterior tiene otro sabor.
La plaza que lo cambia todo
La Plaza de España es de esas que generan una primera impresión difícil de sacudir. De planta trapezoidal con soportales en estilo mudéjar, tiene esa escala que hace que uno quiera cruzarla despacio. El Palacio Consistorial del siglo XVII ocupa uno de los frentes con su fachada sobria y su patio porticado interior. Frente a él, la iglesia de Nuestra Señora de la Granada.
La iglesia es el monumento visual de Llerena, y la torre su carta de presentación. Cinco cuerpos construidos en cinco siglos: los dos primeros del siglo XIV en estilo gótico-mudéjar, con la Puerta del Perdón en el inferior y una ventana geminada con arcos trilobulados en el superior; los tres siguientes renacentistas, añadidos doscientos años después cuando la ciudad tenía recursos y ambición para ello.
En la fachada, la balconada merece una mirada detenida. Dos pisos de arcos corridos de medio punto sobre pilares octogonales, en estilo mudéjar, construidos en el siglo XVIII. No son decoración: desde aquí las autoridades presenciaban los autos de fe y los festejos taurinos que se celebraban en la plaza. Arquitectura al servicio del poder, en un edificio religioso, en el centro de la ciudad. Llerena en una imagen.
El interior acumula cuatro siglos de trabajo artístico. El retablo mayor preside el ábside con contundencia barroca. Un altar lateral acompaña la nave izquierda. Y a la derecha del altar mayor, una capilla protegida por una reja de hierro guarda las piezas más valiosas del patrimonio artístico del templo.
Frente a la iglesia, una escultura de Zurbarán. El pintor que vivió aquí, que trabajó para las iglesias y conventos de esta comarca, y cuya presencia se siente en varios de los edificios que uno va encontrando a lo largo del paseo.
Arcos, capillas y casas con historia
Al salir de la plaza por uno de los arcos que comunican con las calles interiores, aparece la capilla de San Juan. Discreta, recogida, del tipo de espacio que en otro contexto concentraría toda la atención. Aquí es uno más de los elementos que van apareciendo.
El casco histórico de Llerena tiene una densidad de arquitectura civil que no es habitual en pueblos de su tamaño. Casas señoriales con fachadas trabajadas, blasones sobre las entradas, detalles mudéjares en los vanos y los aleros. Son los restos visibles de una época en que Llerena era un centro de poder económico, religioso y político de primera magnitud en el suroeste peninsular.
El último Maestre y las monjas que hacen dulces
La iglesia de Santiago Apóstol guarda en su interior algo que pocos libros de viajes mencionan con la atención que merece: el sepulcro del último Maestre de la Orden de Santiago. Don Alonso de Cárdenas y doña Leonor, en mármol y estilo gótico internacional, presiden la capilla mayor con esa solemnidad de quien sabe que está cerrando un capítulo de la historia.
El convento de Santa Clara es otro de los imprescindibles. La fachada clasicista con doble espadaña anticipa la solidez de un conjunto que guarda en su interior una talla de San Jerónimo Penitente de Juan Martínez Montañés y pinturas al fresco del siglo XVIII en la bóveda. Pero hay algo más que justifica la parada: los dulces y pastas que elaboran las monjas clarisas. El tipo de gastronomía conventual que solo existe en lugares como este y que desaparece en cuanto uno deja de comprarla.
La fuente que dio nombre a la ciudad
La Plaza de la Fuente Pellejera es, según los historiadores, el punto alrededor del cual nació Llerena. El asentamiento árabe del siglo XI que los documentos llaman Ellerina o Ellerena se organizó en torno a esta fuente, que aparece en el escudo de la ciudad por esa razón.
La fuente que ha llegado hasta hoy es una construcción de grandes sillares de arenisca con planta hexagonal y pión central. El entorno de la plaza acumula fachadas de varios siglos, desde el gótico-mudéjar del XV hasta el barroco del XVIII, como si el tiempo hubiera decidido dejar aquí muestras de cada época.
A pocos pasos, el Humilladero de San Antón del siglo XVI marca el antiguo camino hacia la ciudad romana de Regina. Un elemento discreto que recuerda que estas calles llevan siendo camino desde mucho antes de que existiera el concepto de casco histórico.
La puerta que quedó en pie
De las cuatro grandes puertas que tuvo la ciudad amurallada, solo la Puerta de Montemolín sobrevivió. Data de 1577 y tiene doble arco de medio punto en sillería y ladrillo, con un templete superior que alberga pinturas al fresco de la Inmaculada Concepción. Es de esas construcciones que uno fotografiaría aunque no supiera lo que es.
Desde aquí se entra de nuevo al casco histórico por la parte que conserva los tramos más interesantes de muralla medieval, con una torre en proceso de restauración y detalles mudéjares integrados en las construcciones adyacentes con esa naturalidad que tienen las ciudades que han convivido siempre con su propio pasado.
Pedro Cieza, Catalina Clara y el palacio de los Zapata
Hay una explanada desde la que las murallas de Llerena se ven en toda su extensión. Merece el paseo. Y junto a ellas, una escultura de Pedro Cieza de León, el Príncipe de los Cronistas de Indias, natural de Llerena. Su Crónica del Perú es uno de los textos fundamentales para entender la América precolombina y los primeros años de la conquista española. Un hombre que salió de este rincón del sur de Badajoz y escribió sobre el otro lado del mundo con una precisión que sigue siendo referencia cinco siglos después.
La plaza que lleva el nombre de Catalina Clara Ramírez de Guzmán recuerda a otra llerenense que merece más atención de la que recibe. Poetisa del Siglo de Oro, nació aquí en 1618 y escribió más de mil poemas que nunca llegaron a imprimirse en vida. Su obra sobrevivió manuscrita, guardada con esa fidelidad que los pueblos pequeños tienen para sus propios.
El Palacio de los Zapata está a pocos metros. Su pórtico es uno de los elementos arquitectónicos más elegantes del casco histórico: doble arquería de medio punto sobre columnas entorchadas, con logia en la planta superior. Hoy es el Palacio de Justicia, que en una ciudad con la historia judicial de Llerena tiene algo de continuidad inevitable.
El convento, el patio y la biblioteca que fue iglesia
Por la tarde, cuando los edificios que llevan cerrados toda la mañana empiezan a abrir, el Complejo Cultural La Merced es la última parada. El edificio es jesuítico, del siglo XVII, y tiene ese carácter de los espacios que han cambiado de función varias veces sin perder nunca del todo lo que fueron.
El patio es lo primero que recibe: porticado, con columnas y arcos bien proporcionados, con la calma que tienen los claustos cuando ya no son claustos. En el centro, un aljibe o pozo antiguo que convive con el espacio sin necesitar ningún cartel explicativo. Hay cosas que no necesitan interpretación.
El convento alberga hoy espacios culturales: sala de exposiciones, dependencias rehabilitadas con buen criterio, actividades para la ciudad. Al salir por la puerta opuesta uno se encuentra directamente ante la biblioteca municipal, instalada en la antigua iglesia del Hospital de San Juan de Dios.
La conversión es uno de esos aciertos de reutilización de patrimonio que demuestran que lo antiguo y lo útil no son conceptos incompatibles. La nave de la iglesia, con su altura y sus proporciones, se ha convertido en un espacio de lectura de una elegancia que la mayoría de las bibliotecas de nueva construcción no alcanzan. Y en el suelo, bajo un panel de cristal, una cripta descubierta durante la rehabilitación permanece visible para quien viene a leer. Historia bajo los pies, luz arriba, libros alrededor. Pocos sitios mejores para pasar una tarde.
Para los que viajáis en furgo
Llerena tiene área municipal de autocaravanas en la Calle San Pedro. Gratuita, con electricidad, agua y vaciado incluidos, tranquila y a pocos minutos andando del centro histórico. Una de las mejor valoradas de la provincia según los usuarios de Park4Night. Si venís desde Fuente del Arco, son menos de veinte kilómetros.
Si venís desde la zona de Fuente del Arco
Llerena cierra perfectamente un fin de semana con base en Fuente del Arco. Todo el territorio está a menos de media hora entre sí y da para dos días muy completos. Si os interesa el resto de la zona, leer mis entradas o ver los vídeos:
🏺 Fuente del Arco: el pueblo y la ceramista que decoró sus calles
⛏️ Mina La Jayona: bajo tierra en la Campiña Sur
⛪ Ermita de la Virgen del Ara: la Capilla Sixtina de Extremadura
🏰 Reina, la Alcazaba y Regina Turdulorum
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