Primera parada de este viaje por la raya hispano-lusa, y ya puedo decir que el Alentejo me tiene ganado. Castelo de Vide es uno de esos pueblos que aparecen siempre en las listas de ‘imprescindibles de Portugal’ pero que, cuando llegas, te das cuenta de que siguen siendo un secreto a voces: tranquilo, auténtico, y con una densidad de patrimonio que cuesta creer para el tamaño que tiene.
Lo mejor de todo: casi todo es gratuito.
Llegar a Castelo de Vide
Aparco la furgo junto a un jardín dedicado a Mouzinho da Silveira, estadista portugués del siglo XIX nacido en esta misma villa. Es un buen punto de partida: desde aquí se ve la Plaza dos Mártires da República con la Fuente do Montorinho, y a un paso está la Plaza de D. Pedro V, donde se encuentra la oficina de turismo. Entro, cojo un mapa y me pongo en situación.
Las iglesias del centro: dos paradas antes de subir
Lo primero que encuentro, nada más orientarme, es la Igreja de Santa Maria da Devesa. Dos esculturas presiden su fachada con ese aire solemne que tienen los edificios cuando llevan siglos en el mismo sitio. El templo actual mezcla el barroco con el neoclásico, aunque su origen se remonta a principios del siglo XIV. Rodeo el edificio por detrás y, antes de adentrarme en el casco antiguo, me detengo un momento en la Igreja de Santo Amaro, también conocida como Iglesia de la Misericordia. Pequeña, casi escondida entre las calles. De esas que uno encuentra casi por casualidad.
A partir de aquí, el pueblo empieza a subir.
El castillo y el barrio viejo
Las calles que llevan al castillo son estrechas, largas y empinadas. El tipo de calles que te obligan a caminar despacio y a levantar la vista de vez en cuando. El castillo, construido por orden del rey Don Dinis a principios del siglo XIV, aparece y desaparece entre los tejados hasta que de repente lo tienes delante, completo, dominando todo el conjunto desde lo alto.
La entrada al recinto es espectacular: un arco que enmarca el cielo. Pero el castillo en sí está cerrado por obras de restauración. Me quedo unos segundos en el umbral mirando hacia dentro y sigo.
Un barrio que sigue vivo dentro de las murallas
Lo que rodea al castillo es uno de los rincones más curiosos de Castelo de Vide. El barrio intramuros está habitado, pero convive con casas abandonadas y alguna en ruinas: lo que se mantiene en pie por el esfuerzo de quien lo habita, y lo que se pierde cuando nadie se hace cargo.
En una de sus plazas está la Igreja de Nossa Senhora da Alegria, y junto a ella un amplio pórtico abierto bajo un arco de medio punto, con bancos de piedra a ambos lados. Un espacio de sombra y descanso de los que en el Alentejo solían usarse durante fiestas y romerías. En la pared exterior, un azulejo conmemora el 38º aniversario del Rancho Folclórico Nossa Senhora da Alegria, colocado en 2004 en homenaje a su patrona y a todos los que mantuvieron viva la institución.
Muy cerca, la Fonte do Bom Jesus dos Presos: una fuente sencilla en una hornacina del muro, con un caño de agua y bancos de piedra a los lados. Recibe su nombre porque enfrente estuvo la antigua prisión del castillo, y los presos podían oír el agua sin poder acercarse a beber de ella. Una de esas historias pequeñas que se te quedan más que cualquier monumento.
La judería, las flores y la sinagoga
Salgo del recinto y entro en el barrio judío. Aquí la historia se hace más densa.
En 1492, el edicto de los Reyes Católicos desencadenó el mayor desplazamiento de familias judías de la historia peninsular. Muchas cruzaron la frontera buscando en Portugal la paz que les negaban en su propia tierra, y Castelo de Vide las recibió. Su judería llegó a ser una de las más importantes del país, y hoy el trazado de sus calles sigue siendo medieval, con nombres que hablan de aquella presencia: la Rua da Judiaria, la Rua Nova de los conversos, la Rua do Arçário del tesoro comunitario, o la Rua das Espinosas, en honor al filósofo Spinoza, descendiente de un habitante de esta villa.
Y luego están las flores. Las callejuelas aparecen llenas de macetas, rosas de todos los colores, margaritas. Las casas compiten en belleza de una manera completamente natural, sin afectación. Una de las calles dentro del recinto del castillo conserva incluso una placa que la acredita como antigua ganadora de un premio a la calle más florida.
La sinagoga medieval
En mitad de la judería, la sinagoga. Entrada gratuita. El edificio fue en origen una casa sencilla del siglo XII, se convirtió en lugar de culto en el siglo XIV, y volvió a ser vivienda cuando expulsaron a los judíos en el XVI. Permaneció así durante generaciones hasta que, ya en tiempos recientes, el hallazgo de un tabernáculo y un pedestal dentro de sus muros reveló su antigua función.
Hoy es un pequeño museo. La planta baja conserva el espacio que debió de ser la sala principal de oración, y en las estancias adyacentes se exhiben objetos y documentos sobre la vida cotidiana de la comunidad. Me entretengo más de lo previsto, recorriendo cada sala despacio.
Al salir, casi de inmediato, la Fonte da Vila. Tallada en mármol del siglo XV, famosa en todo Portugal por la riqueza mineral de su agua. La miro, la fotografío y sigo.
La fragua del mestre Carolino y el museo de la Inquisición
Dos museos gratuitos, uno enfrente del otro, que no tienen nada que ver entre sí pero que juntos dicen mucho de lo que fue la vida en este pueblo.
El museo del mestre Carolino Tapadejo
El edificio fue una fragua, y lo sigue pareciendo. Las herramientas cuelgan de las paredes, gastadas por el uso de generaciones. El yunque en el centro, marcado por miles de golpes. La pila de carbón, el fuelle enorme suspendido del techo sobre la lumbre. Todo conserva ese olor a metal y a ceniza que no se va nunca del todo. El maestro va explicando personalmente la función de cada elemento. Un museo pequeño y vivo, de los que solo existen en los pueblos que todavía no han perdido su alma.
El museo de la Inquisición
Justo enfrente, y en un registro completamente distinto. Las diferentes plantas reconstruyen las fases por las que pasaban los acusados ante el Santo Oficio: el encarcelamiento en celdas estrechas y húmedas, el juicio con sus interrogatorios y delaciones anónimas, la sentencia, y la ejecución. Una recreación que no busca el morbo sino recordar la dimensión real de lo que aquí ocurrió durante siglos.
Junto a las recreaciones, documentos, sellos e instrumental que muestran la maquinaria burocrática que sostenía el sistema. Es una visita que pesa. De las que conviene no hacer con prisa.
El final del recorrido, desde arriba
La visita termina en la Plaza Alta, en la parte más elevada del barrio antiguo. Desde allí los tejados del pueblo descienden hacia el valle, la sierra de São Mamede ocupa el horizonte, y más allá, difuminada, España.
Me quedo unos segundos sin decir nada. Luego bajo por una de esas calles largas y empinadas, de vuelta a la furgo.
Castelo de Vide es de esos pueblos que no presumen de nada. Y precisamente por eso lo tienen todo.
Dónde dormir en autocaravana: la pregunta sin buena respuesta
Si viajas en autocaravana, este es el apartado que más te interesa, y tengo que ser honesto: la zona no lo pone fácil. No encontré ningún área de autocaravanas oficial en los alrededores de Castelo de Vide. Existen algunos campings, sí, pero con condiciones que no se adaptan bien al viaje corto y en solitario.
En uno de ellos me exigieron un mínimo de dos noches, cuando yo solo quería una. En otro, que ni siquiera llegué a preguntar, la información disponible dejaba claro que solo admiten mayores: sin niños, sin familias. Aunque este último no me desagradaba, finalmente no fui, ya que quedaba bastante fuera de mi ruta. No es exactamente lo que uno busca cuando quiere descansar una sola noche.
Al final, decidí dejar para otra ocasión la visita a Portalegre, que también tenía pendiente, y crucé de nuevo la frontera para ir a dormir a Valencia de Alcántara, donde sí hay zona de pernocta y donde, por cierto, también tengo cosas que contaros.
Si conoces alguna opción de pernocta en la zona que me haya pasado por alto, cuéntamelo en los comentarios.
Próximas paradas del viaje
Este viaje por la raya hispano-lusa todavía tiene mucho que dar. Las siguientes entradas de esta serie son:
▶ Marvão: el pueblo fortaleza que vigila la frontera desde lo alto — [PRÓXIMAMENTE]
▶ Valencia de Alcántara: judería gótica, acueducto y dólmenes en la raya extremeña — [PRÓXIMAMENTE]
Vídeos relacionados
Si prefieres verlo antes de leer, o además de leerlo, aquí tienes los vídeos de esta serie en el canal:
▶ Marvão — [PRÓXIMAMENTE]
▶ Valencia de Alcántara — [PRÓXIMAMENTE]
Y si aún no sigues el canal, te espero en Carretera y Monta, donde cada semana hay un rincón nuevo por descubrir.


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